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Historia. Primeras medallas mundiales del patinaje colombiano

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Mientras se celebran esta semana los campeonatos mundiales de patinaje de carreras, en Ibagué, recordemos aquella gloriosa jornada en la cual este deporte ganó para Colombia las primeras medallas en mundiales, en el certamen celebrado en Cassano D’Adda, Italia, en 1988.

Estos fueron algunos patinadores que surgieron en Valle y Antioquia, en la década de los años 80. De izquierda a derecha: Hernando Montaño y Luz Mery Tristán, del Valle, y Bibiana Calle, Libardo García y Guillermo León Botero, de Antioquia. Tristán y Botero serían los primeros medallistas mundiales del patinaje colombiano.

Por Alberto Galvis Ramírez

Director Revista Olímpica y Secretario de la Academia Olímpica Colombiana

Para participar en el campeonato mundial de ruta programado en Cassano D’Adda, Italia, a comienzos de septiembre, de 1988, la dirigencia de la Federación Colombiana de Patinaje decidió enviar un equipo mixto conformado con los mejores corredores del momento, provenientes de las ligas de Antioquia, Valle y Bogotá. En el grupo se destacaba la risaraldense Luz Mery Tristán, quien despertaba las mayores expectativas sobre las posibilidades de ganar la primera medalla para Colombia. 

Esa ilusión nacía de su trayectoria y consagración en busca de esa meta. A mediados del 1987 la deportista contrató como su técnico personal a Roberto Kayser, uno de los más destacados patinadores de Estados Unidos en los últimos tiempos, quien había participado en diversos torneos internacionales celebrados en Colombia en los años anteriores, como el Festival de la Raza de Medellín y la Clásica Internacional RCN. 

Bobby Kayser se radicó en Cali para dirigir los entrenamientos de Luz Mery Tristán, quien alternaba su trabajo como modelo en su empresa con los entrenamientos de patinaje. El técnico estableció un plan de trabajo con el mundial de Italia del mes de septiembre como principal objetivo, que convirtió a La Sultana del Valle en el eje de la actividad nacional del patinaje, en especial en la época previa al Mundial. 

Por la seriedad de la meta y de los métodos para obtenerla Luz Mery Tristán era la gran esperanza de Colombia en ese mundial para ganar medalla. A la postre respondió, pero cuando ya un juvenil antioqueño había logrado una doble hazaña que conmovió al país. 

En Colombia, cero expectativas 

Luego de los chequeos realizados, la selección nacional fue conformada con 4 varones y 4 mujeres, acompañadas por un completo equipo técnico y médico. Integraron la delegación: 

Varones: César Hurtado, Hernando Montaño, Guillermo León Botero y Libardo García. Damas: Luz Mery Tristán, Bibiana Calle, Isabel Cristina Gutiérrez y Diana Patiño. 

Director técnico: Robert Kayser. Asistente técnico: Pedro Páez. Médico: Arturo O’Byrne. 

Terapeuta y masajista: María Teresa de O’Byrne. Delegado: Luis Alfonso Muñoz. Juez: Alberto Arredondo.

A pesar de la calidad de Luz Mery Tristán, de la seriedad demostrada por los dirigentes del patinaje nacional en los trabajos hasta ahora adelantados y de la fortaleza del equipo, en Colombia el Mundial no generó expectativas. 

Solo un periodista, Héctor Palau Saldarriaga, y su medio de comunicación, RCN Radio, programaron la presencia en el certamen, dentro de un plan de cubrimientos en Europa que incluía la Vuelta de la Comunidad Europa, antiguo Tour del L’Avenir de Ciclismo, que pisaría suelo italiano. 

De resto, desde la partida hasta las consagraciones, la soledad acompañó al equipo nacional en la primera gesta gloriosa del patinaje en su historia. 

En Cassano D’Adda, la selección fue alojada en un hotel dentro de un castillo medieval ubicado en las afueras de la ciudad, con las comodidades necesarias para un torneo de esta categoría. De igual manera, los corredores fueron rodeados de todas las garantías, por la presencia de calificados especialistas como el médico O’Byrne, quien había formado parte de los equipos colombianos que asistieron a las anteriores vueltas a Francia y acumulaba los conocimientos suficientes en materia deportiva para asistir a los patinadores. 

En el primer día de competencias, en los 500 metros contrarreloj individual, los mejores colombianos fueron Luz Mery Tristán, quien ocupó el quinto puesto, y Guillermo León Botero, quien fue sexto. Posteriormente Hernando Montaño fue duodécimo en los 5.000 metros.

Retraso, drama y gloria de Botero 

El viernes 2 de septiembre de 1988 fue la primera fecha histórica para el patinaje colombiano, en el sueño por obtener una medalla mundial. Ese día todo fue normal, por lo menos hasta la partida de los deportistas hacia el patinódromo de la ciudad. 

La primera medalla colombiana ganada en un mundial estuvo antecedida por un drama que por poco impide la participación del juvenil Guillermo León Botero, inscrito en la prueba de los 1.500 metros, la primera de la jornada de la tarde. 

Mientras el vehículo que transportaba a los patinadores notablemente retrasado volaba a grandes velocidades entre el hotel y el escenario, el juez árbitro, el colombiano Alberto Arredondo, era informado del inconveniente que tenía el conjunto nacional en su traslado al patinódromo. Desde entonces comenzó una comunicación por señas entre Arredondo y los dirigentes colombianos ubicados en la parte alta de la tribuna de personalidades, con visibilidad hacia el parqueadero por donde entraría el equipo colombiano. En vista del problema el juez retrasó la partida de la competencia con la disculpa de una avería en el sistema de fotofinish.

Pasaban los minutos y Colombia no llegaba. El tiempo se agotaba y Arredondo, con poco disimulo, recibía desde el tope de la tribuna la señal negativa. De pronto apareció raudo el bus colombiano, que se detuvo casi al mismo tiempo que parecía expulsar de su interior a un muchachito presuroso que en pocos segundos llegó a la pista para ponerse los patines, calentar durante menos de cinco minutos y acudir al llamado a la línea de partida del juez Arredondo, eso sí, sin perder la calma. 

En ese momento ya no existían dudas sobre la presencia del corredor de 16 años en la difícil prueba de los 1.500. Pero tampoco se sabía qué podría hacer frente a los veteranos y mañosos italianos y estadounidenses. 

Guillermo León Botero llega a Bogotá como doble medallista mundial de patinaje y recibe un homenaje en el Aeropuerto El Dorado, de Bogotá.

Preparación y autoconfianza

Cuando partió la carrera, Guillermo León Botero tenía cinco elementos en su contra para conquistar una medalla en esa prueba: la presencia de los mejores corredores de Italia y Estados Unidos, reunidos en fuertes equipos; su condición de novato en torneos mundiales; sus 16 años de edad; la ausencia de compañeros, y el país de origen, Colombia, que carecía de tradición. Tenía a su favor unas enormes condiciones, una adecuada preparación y auto confianza de sobra. 

El comienzo de las casi cinco vueltas de que constaba la prueba de 1.500 metros fue malo para Botero, porque sus rivales lo desacomodaron y lo enviaron a una de las últimas posiciones de los 18 participantes en esa final. Adelante quedaban italianos, estadounidenses y franceses disputando el manejo de la carrera con cualquier tipo de argumentos, inclusive extradeportivos, porque en esa época las normas y los jueces eran muy flexibles. 

Al comenzar la segunda vuelta, Botero atacó por fuera y se puso al frente de la competencia. De inmediato, el atrevido juvenil colombiano empezó a recibir golpes de todo tipo mientras desde la tribuna se escuchaban epítetos provenientes de la delegación nacional, en especial en contra de los corredores italianos. 

En la última vuelta, la carrera parecía una guerra de titanes de igual categoría. Botero, con su cara de niño y su cuerpo de gigante, no se dejó amilanar de las agresiones, que eran generales, y llegó al embalaje junto al monstruo italiano Patricio Sarto. Los dos metieron su respectivo patín y dejaron la decisión final sobre el ganador en manos del fotofinish. 

Cualquiera que fuere el resultado, Botero, el culpable del retraso de la prueba, el más joven corredor de ese mundial y el representante de un país nuevo en el protagonismo de los mundiales, ya había gestado la gran hazaña del patinaje colombiano porque como mínimo obtendría la medalla de plata. 

Y así fue. La fotografía favoreció a Sarto y le otorgó el segundo lugar al colombiano, quien alcanzaba la meta que no habían logrado antecesores como Dagoberto Mateus, Luis Guillermo Lombana y su compañero Hernando Montaño, que llegaron hasta la cuarta posición en diversas épocas y pruebas. 

Segunda medalla de Botero y primera de Luz Mery 

Pero la gloria colombiana no terminaría con esa medalla de Botero porque antes de 48 horas Colombia celebraría dos conquistas más en el mundial.

El domingo 4 de septiembre se celebró la última fecha del torneo. En esa oportunidad Botero volvió a ganar plata y Luz Mery Tristán, bronce. 

A la final de los 10.000 metros llegaron tres italianos, tres franceses, tres argentinos, tres belgas, tres estadounidenses, dos australianos y el juvenil colombiano. En esta oportunidad El Bambíno de Oro, como se le bautizóno pasó inadvertido. Lo sucedido en los 1.500 metros alertó a todos los finalistas, quienes lo tuvieron en la mira desde la salida. De nuevo, la permisividad de las normas del patinaje dio campo a las agresiones, de las cuales fue víctima en especial el colombiano, porque se encontraba solo. 

Botero, sin embargo, se batió contra australianos, estadounidenses y belgas, quienes fueron los más fuertes. 

En la última vuelta, Dante Muse, de Estados Unidos, logró una ventaja sobre el grupo. Botero se ubicó segundo y a pesar del esfuerzo realizado no alcanzó al norteamericano, quien se adjudicó la medalla de oro. De nuevo el juvenil colombiano ganaba plata y se consagraba como la revelación del mundial, por sus escasos 16 años. El tercer lugar fue para el argentino Sergio Macargo. 

De nuevo la alegría inundó a Colombia. La celebración fue también ruidosa como la primera y estuvo complementada por los aplausos de los 4.000 aficionados reunidos en el patinódromo, que volvían a honrar al Bambino de Oro. 

Poco después llegaría el tercer motivo de felicidad para el equipo colombiano por cuenta de Luz Mery Tristán en los 3.000 metros. La bonita y carismática deportista luchó contra sus rivales finalistas de la prueba y fue vencida por la italiana Maritza Canafoglia, medalla de oro, y la italiana Desly Hill, plata. Su medalla de bronce premiaba varios años de sacrificio y dedicación como pionera del patinaje femenino, desde 1979. 

En ese último día de competencias, Colombia perdió la opción de obtener la cuarta medalla del mundial en la prueba de relevos por equipos. Guillermo León Botero, Hernando Montaño y César Hurtado terminaron cuartos, muy cerca de la presea de bronce. 

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