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Historia 6. Colombia llega al ciclo olímpico

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Primera delegación colombiana, en unos Juegos del ciclo olímpico, los IV Centroamericanos y del Caribe, en Ciudad de Panamá, en febrero de 1938.

Alberto Galvis Ramírez, Director de la Revista Olímpica y secretario de la Academia Olímpica Colombiana.

Después de la participación colombiana en los Juegos Olímpicos de Berlín, en 1936, la delegación regresó al país, con algunas lecciones aprendidas y varias misiones asumidas.

En términos generales las lecciones se referían al encuentro con ese exclusivo, sofisticado y exigente mundo olímpico, muy diferente al que se imaginaban: los atletas, aplanchados por la tremenda inferioridad física y técnica, al volver a los rústicos escenarios nacionales con ganas de cambiar las condiciones terminaron solo compartiendo de palabra lo visto y vivido en Alemania, porque el ritmo de la organización en Colombia era inferior a sus deseos ya su impulso. Los dirigentes, mejor dicho, Alberto Nariño Cheyne, vicepresidente del Comité Olímpico Colombiano y director de Educación Física de Cundinamarca vivió su propia aventura y regresó con una misión imaginada y diseñado en su mente y en el papel, los Juegos Bolivarianos, que debía organizar tan solo dos años después, en Bogotá.

En febrero de 1937, Julio Gerlein Comelín renunció a la presidencia del Comité Olímpico, por diferencias con su vicepresidente, Nariño Cheyne, quien lo remplazó de inmediato.

Ya como cabeza del COC, Nariño se encontró en medio de un desierto, porque ni siquiera existía alguna norma que le diera vida a nuestro deporte, y menos las condiciones para suplir las necesidades de unos inexistentes Juegos Bolivarianos, que debían ser fabricados de la nada .

En Bogotá sólo se contaba con un estadio decoroso, en construcción, en el interior de la Universidad Nacional, pero destinado a la población estudiantil, y escenarios para las prácticas cerradas de deportes como el tenis y el baloncesto.

La alcaldía de la ciudad era ocupada por el dirigente liberal Jorge Eliécer Gaitán, nombrado por el presidente de la República, Alfonso López Pumarejo, quien lideraba un programa para conmemorar los 400 años de la ciudad, que se cumpliría en agosto de 1938. Lo primero que hizo Nariño fue escoger esa fecha para realizar los Primeros Juegos Bolivarianos. Después lograr que el burgomaestre incluyera el certamen, como punto central de dichos actos.

El tercer paso fue convencer a Gaitán de ser su aliado en el tema más costoso de la organización de los juegos: la construcción de un estadio decoroso, tema que causaría una gran polémica en el año siguiente.

Alberto Nariño Cheyne.

El Alcalde y el Presidente se enfrentan

A los pocos días, Gaitán destinó $ 250.000 para la construcción del nuevo estadio. La noticia causó revuelo político en Bogotá, porque el Presidente de la República, jefe directo del alcalde, no estaba de acuerdo con la inversión de esos dineros, porque consideraba que era suficiente con el escenario que se construía en esos momentos en la Universidad Nacional, y que podría servir como sede principal de los Juegos Bolivarianos.

Sin embargo, la teoría de Gaitán se impuso y avanzó adelante la idea de la construcción del nuevo estadio para Bogotá. En ese momento, la ciudad se extendía desde las Cruces hasta Chapinero, de sur a norte, y de La Perseverancia hasta poco antes de los potreros que luego ocuparía la Carrera 30 o Avenida NQS. En este lugar existía una hacienda llamada El Campín, de propiedad de los herederos del político liberal Nemesio Camacho. Alberto Nariño Cheyre comenzó a negociar este terreno, pero en su primera conversación con uno de los hijos del dueño, Luis Camacho Matiz, se enteró de su valor: $ 250.000, que era todo el dinero que había para organizar los juegos, y eso incluía comprar el lote y construir el estadio.

Luego de varias reuniones lograron que los Camacho Matiz donaran el terreno a Bogotá, con dos condiciones: que llevara el nombre del padre y que sólo se utiliza para escenarios deportivos.

Equipo de fútbol de Colombia, en Panamá 1938

Estreno en el ciclo olímpico

Antes de los Primeros Juegos Bolivarianos, programados en agosto de 1938, Colombia asistió por primera vez a un evento múltiple del Ciclo Olímpico, los IV Juegos Centroamericanos y del Caribe, celebrados en Panamá, del 5 al 24 de febrero de 1938, con la mayoría de deportistas que actuarían en la cita de Bogotá, seis meses después.

En el certamen actuaron 1.216 atletas, 50 de ellos colombianos, en representación de diez países del área centroamericana: México, Panamá, Jamaica, Honduras, Guatemala, El Salvador, Costa Rica y Cuba, que he estado participando en las dos ediciones anteriores, y Colombia y Venezuela, quienes hicieron su estreno.

Las dos únicas medallas obtenidas por Colombia fueron de bronce, la primera a cargo del equipo de fútbol dirigido por el argentino Fernando Paternoster, y la segunda en tenis, con Carlos Bauer y Jorge Combariza, en dobles.

También se destacaron los ciclistas Guillemo Pignaloza y Marco A. Gutiérrez, quienes fueron cuartos en los 1.000 metros contrarreloj y 1.000 metros scratch, respectivamente.

«Mensaje de paz, por la sabana cundinamarquesa»

Los Primeros Juegos Bolivarianos se celebraron en 16 deportes: ajedrez, atletismo, baloncesto (ambas ramas), béisbol, boxeo, ciclismo, ecuestres, esgrima, fútbol, ​​golf, levantamiento de pesas, lucha, natación, tenis, tiro y voleibol masculino , con la participación activa de Colombia en todos.

Fueron inaugurados el 6 de agosto de 1938, en el estadio de la Universidad Nacional, con participación de 738 deportistas de Colombia (294), Bolivia (80), Ecuador (120), Perú (119), Venezuela (100) y Panamá ( 25), que desfilaron por la pista de carbonilla, ante autoridades y deportistas de esas naciones. A la cabeza de los actos protocolarios estuvo el presidente de la República, Alfonso López Pumarejo, quien al otro día entregaría el poder a Eduardo Santos, quien ya tenía en su agenda de trabajo la clausura, el 22 de agosto siguiente.

En los bolivarianos, Colombia ganó 19 medallas de oro, 26 de plata y 14 de bronce y fue subcampeón en la general, después de Perú, que era potencia suramericana.

Cecilia Navarrete.

El primer título internacional de Colombia en su historia fue ganado en esos Primeros Juegos Bolivarianos, por la cundinamarquesa Cecilia Navarrete, quien se impuso en los 100 metros planos, y luego se proclamó campeona del lanzamiento de disco y del relevo de 4×100, acompañada en esta prueba por Adiela Jiménez, Raquel Gómez y Berta Navia. Todo esto unido a la medalla de plata obtenida en los 50 metros planos, le valieron ser considerado la reina de los juegos.

La Morochita , como se le llamaba, estaba destinada a los 50, a los 100 metros y al relevo de 4×100, pero fue inscrita, de relleno, en el lanzamiento del disco. “Nunca en mi vida había lanzado disco. El técnico Hogarty me dijo que girara suave y que enviara el disco a cualquier distancia, y así lo hice. Al final quedé campeona ”, recordó la deportista, en entrevista con el autor.

El también cundinamarqués Jorge Nova fue el único campeón masculino de Colombia, en el atletismo de los juegos, al ganar la competencia de 25 kilómetros, con un tiempo de una hora, 16 minutos y 1/5 segundos. Nova coronaba así una carrera que lo había consagrado como el mejor fondista nacional en los últimos años.

Otra figura de Colombia en esos juegos fue el tirador cundinamarqués Enrique Muñoz, quien logró tres medallas de oro, en precisión revólver 25 metros, en pistola 50 metros y en fusil de guerra 25 metros. En esta disciplina también obtuviste oro, Enrique París, en rifle 50 metros.

Los deportes ecuestres y el golf le siguieron en medallas de oro al atletismo y al tiro. En ecuestres, la figura fue el entonces mayor y posteriormente general, el santandereano Alberto Gómez Arenas, quien obtuvo dos medallas de oro, en adiestramiento y salto de obstáculos.

El golf, le aportó dos preseas de oro más a Colombia, con el bogotano Alberto Gamboa, quien ganó el título individual y con su hermano Rafael, el de equipos. Con ello comenzó una carrera que lo consagraría como uno de los grandes campeones nacionales, durante diez años, en duelos inolvidables con su paisano Enrique Bambuco Samper.

La lucha dejó dos ganadores, Egidio Díaz, en la división gallo, y Roberto Urrea en pluma.

Equipo masculino de baloncesto de Colombia, campeón en los IJuegos Bolivarianos, en Bogotá, en 1938.

Los Primeros Juegos Bolivarianos también consagraron con medallas de oro a los luchadores Egidio Díaz, en la división gallo, y Roberto Urrea, en pluma; al ajedrecista Luis Augusto Sánchez, en particular; al equipo masculino de polo acuático, ya los conjuntos masculino y femenino de baloncesto, que generó un fenómeno grande entre los aficionados bogotanos, en especial el primero.

Preseas colombianas de plata y bronce

Conquistaron medallas de plata para Colombia: los atletas José Domingo Sánchez, en 200 metros; José del Carmen Gómez, en 800 metros; el equipo de relevos de 4×400, conformado por Castillo, Rubio, Uribe y Sánchez; Humberto Perea, en salto triple; Guillermo Falconert, en lanzamiento de jabalina; Cecilia Navarrete, en 50 metros planos; Adiela Jiménez, en 100 metros, y Elvira Valbuena, en lanzamiento de disco. El nadador Mario Cajiao, en 200 metros pecho. El ajedrecista Alfonso Herrera, en particular. El golfista Carlos Escobar; Los ciclistas Gómez y Gutiérrez en tándem -única vez que se realizaron esta modalidad en ciclo de dos puestos. El pesita Navas Gómez.Los luchadores Enrique Díaz, en ligero, y Benito Duarte, en welter. Los tenistas Jorge Combariza, en sencillos, y Enriqueta Taque Silva y Ana Isaza, en dobles, y Combariza e Isaza, en dobles mixtos. Los tiradores del equipo de tres posiciones. Y el equipo masculino de voleibol.

Los bronces estaban a cargo de los atletas Carlos Uribe, en 400 metros planos; Rafael Cotes, José Domingo Sánchez, Pineda y Humberto Perea, en el relevo de 4×100; Castillo, Rubio, Uribe y Sánchez, en 4×400 metros; Campo Elías Gutiérrez, en lanzamiento de disco; Raquel Gómez, en los 500 metros planos, y Blanca Gónima, en lanzamiento de disco. El ajedrecista Miguel Cuéllar Gacharná, en particular. El golfista Carlos Gómez, en particular. Los ciclistas, Rafael Vásquez, en velocidad; Gómez, Marco A. Gutiérrez, Rafael Vásquez y Pedro González, en la persecución por equipos, y Pedro González, en la ruta sobre 100 kilómetros. Los equipos de esgrima en florete, sable y espada.Los nadadores G. Ortíz, en 100 metros espalda y el equipo de relevos de 4×200 metros, y el clavadista Bernardo Restrepo, en trampolín de tres metros.

Eduardo Santos. Foto: Señal Colombia.

Decreto copiado del Uruguay

El 3 de diciembre de 1938, el presidente de la República, Eduardo Santos, promulga el decreto 2216, copiado de la legislación uruguaya, que pretendía darle vida al deporte asociado y solidez jurídica a la existencia del Comité Olímpico Colombiano, COC, aunque sin soltar el manejo de la entidad, en ese momento en manos de uno de sus funcionarios, Alberto Nariño Cheyne, director de Educación Física de Cundinamarca.

En dicho decreto, el deporte colombiano dependía totalmente del gobierno, situación que coadyuvaría al no reconocimiento del COC, por parte del COI, en los diez años siguientes.

El artículo primero establecía: “El deporte en Colombia estará regido por entidades nacionales que se denominarán ‘asociaciones colombianas’, por entidades seccionales que se denominarán ‘ligas’, y por entidades municipales, que se denominarán ‘comités deportivos’”1.

A continuación se reconocían 16 asociaciones, algunas inexistentes, otras en ciernes y la minoría, en incipiente funcionamiento. Del total de entidades aceptadas, ocho tenían como sede a Bogotá: ajedrez, atletismo, basquetbol masculino, deportes ecuestres, esgrima, polo, tiro y voleibol; dos, a Cali: ciclismo y waterpolo y natación; dos, a Santa Marta: boxeo y lucha libre, y una, a Barranquilla: fútbol, Cartagena: béisbol, Ibagué: basquetbol femenino y Medellín: golf.

El gobierno señala las funciones del COC

El gobierno aceptaba que el COC debía ser una entidad independiente: “Artículo 15. El Comité Olímpico Colombiano funcionará de acuerdo con las atribuciones y deberes que asigna el Comité Olímpico Internacional a los Comités Olímpicos Nacionales, y tendrá como principal gestión la de asegurar la participación y concurrencia de los deportistas y atletas colombianos en las olimpíadas, certámenes y congresos internacionales, y concursos a los cuales sea invitada Colombia”.

Sin embargo, en la conformación de la entidad debía haber, además de los directivos escogidos por las asociaciones nacionales, un delegado del COI y uno de cada asociación deportiva nacional, representantes del Ministerio de Educación Nacional, del ejército, de la marina, de la policía, de cada una de las comisiones departamentales de educación física, de la Comisión Nacional de Educación Física, de la Universidad Nacional y de la Dirección Nacional de Bellas Artes.

“El deporte avanzó gracias a Nariño”

Las normas establecidas por el gobierno nacional en el decreto 2216 causaron dos efectos contrarios: beneplácito, porque la estructura ordenada buscaba brindarle al deporte colombiano las herramientas que necesitaba para funcionar, y bloqueo, por la influencia ejercida por el gobierno nacional en el manejo del Comité Olímpico Colombiano, lo que impedía la aprobación de la entidad por parte del COI.

Así recordó esta etapa el periodista Mike Forero Nougués: “En el deporte colombiano todo se hacía como lo determinaba Nariño Cheyne, porque era el mayor conocedor del tema en Colombia, era incansable en su ritmo de trabajo y recibía remuneración, por lo menos del gobierno. El COC y el deporte colombiano nacieron y crecieron, porque Nariño Cheyne así lo quiso”.

El Comité Olímpico Colombiano empezó a funcionar primero en las oficinas que ocupaba su presidente, Nariño Cheyne, en la Dirección de Educación Física, es decir, la dependencia se dividía entre las muchas actividades inherentes a su cargo oficial, y las pocas que resultaban de las actividades en el COC.

Luego, el COC pasó a ocupar un piso en arriendo, en un edificio ubicado en la Avenida Jiménez con carrera quinta, frente al diario El Espectador. La residencia estaba dotada de muebles viejos y permanecía vacía gran parte del tiempo, por lo menos hasta cuando los dirigentes se reunían para tomar las determinaciones necesarias ante alguna participación internacional.

1 DECRETO 2216, del 3 de diciembre de 1938, Ministerio de Educación Nacional.

Continúa…

Ver historias anteriores de esta serie:

Historia 1. Ocho sucesos pioneros de nuestro deporte olímpico

Historia 2. Barranquilla apunta hacia la creación del COC

Historia 3. Gerlein, presidente del COC. Colombia se estrena en Olímpicos

Historia 4. Acta de Constitución del COC

Historia 5. Sudadera y recuerdos de Pedro Emilio Torres

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