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Historia 17. Septiembre Negro en Múnich 1972

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Por Andrés Felipe Hernández Acosta
Historiador

El deporte fue considerado, junto con la carrera espacial, el mecanismo idóneo de las potencias imperialistas del siglo XX (la URSS y Estados Unidos) para zanjar sus disputas mediante mecanismos civilizados, con lo que buscaban, como nos lo recuerda Jean- Marie Brohm, mantener el statu quo en el transcurso de la Guerra Fría (1947-1991), al tiempo que llevaban los conflictos bélicos a otros escenarios, como Estados Unidos en la Guerra de Vietnam, o la URSS en Afganistán, para citar sólo dos ejemplos.
Así pues, Nikita Krusckev decía sobre el deporte que: “Los encuentros entre deportistas de distintos países contribuyen al acercamiento de los pueblos, jugando así un importante papel en la consolidación de la paz general” o el presidente de los Estados Unidos, Eisenhower, quien argüía: “Los juegos olímpicos, que reúnen a numerosos deportistas de todas partes de la tierra…, contribuyen a que los pueblos del mundo se comprendan mejor…”.
En efecto, las dos potencias utilizaban los juegos para exhibir su poder, buscar la unidad de sus respectivos imperios a través del deporte, mantener una percepción de que eran pacíficas, y, finalmente, para demostrar que los hombres y mujeres que fabricaban los respectivos sistemas eran los mejores. Sin embargo, algunos no lo creían así.
Ese fue el caso del grupo terrorista palestino Septiembre Negro, fundado en 1970, después del enfrentamiento bélico entre Palestina y Jordania, en septiembre del mismo año. Su primer atentado terrorista fue, precisamente, el asesinato del primer ministro jordano Wasfi Tall, en noviembre de 1971.
Pero sin duda el atentado terrorista más recordado de este grupo, que buscaba la emancipación de Palestina, fue el sucedido en las olimpiadas de Múnich en 1972.
Esta olimpiada fue la de Mark Spitz y sus siete medallas doradas en natación, que significaron para los estadounidenses el típico triunfo del héroe norteamericano sobre el “oso ruso”. No obstante este hecho, la URSS ganaría una vez más las olimpiadas. También fue la primera vez que Colombia ganó una medalla olímpica, aunque no fue sólo una, ¡fueron tres!: Helmut Bellingrodt en tiro, y Clemente Rojas y Alfonso Pérez en boxeo; y hubieran podido ser más de no ser por el sabotaje a Martín Emilio Cochise Rodríguez por uno de sus connacionales (Edgar Senior) al tildarlo públicamente de profesional, lo que truncaría una medalla olímpica garantizada, en una época en que el profesionalismo escondido (amateurismo marrón) campeaba por todo el establecimiento deportivo.

Policías alemanes intentan llegar hasta el lugar del secuestro de los atletas israelitas, en la sangrienta toma de Munich 1972.  


Asalto palestino
A pesar de todos estos hechos, lo ocurrido el 5 de septiembre de 1972 es lo que más se recuerda de este evento, cuando un comando de ocho integrantes de Septiembre Negro y del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP) irrumpió a las 4:00 AM., vestidos de deportistas, en los aposentos donde dormían 23 atletas olímpicos de Israel para secuestrarlos. Algunos deportistas judíos, nueve en total, aprovechando la alerta generada por el entrenador del equipo de lucha Moshé Weinberg, lograron escapar.
Las primeras conversaciones por parte del gobierno alemán y del jefe de la delegación olímpica egipcia con los extremistas islámicos fueron frustradas, pues los secuestradores no querían dinero, sino que pedían la liberación de 234 presos palestinos en Israel y otros dos en Alemania: el secuestro era político. Por ello exigieron ir al Cairo y desde ahí negociar. Ante esto, los israelitas propusieron enviar fuerzas especiales, el canciller alemán, Willy Brandt, se negó. Las autoridades germanas decidieron, entonces, tenderles una trampa a los secuestradores instalando a seis francotiradores alemanes en un aeropuerto falso, a donde llevaron a los palestinos y a los atletas. Las consecuencias fueron fatales: 11 atletas judíos, 5 miembros de Septiembre Negro, un piloto y un policía muertos.
Este incidente trágico no significó la finalización de los juegos, a pesar de las solicitudes de diferentes organismos, instituciones y personajes internacionales, pues para Avery Brundage, presidente del Comité Olímpico Internacional (COI) de esa época, los juegos estaban por encima de estos hechos. Por ello dijo: “The games must go on” (Los juegos deben continuar). Esta frase significaría su posterior salida del COI. Para Golda Meir, primera Ministra de Israel de la época, todas las naciones e instituciones internacionales debían condenar el ataque y, acto seguido, para exigir “más comprensión”, tomaría la iniciativa de bombardear las bases de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), en los diferentes países de oriente medio.

Estos fueron los once atletas de Israel asesinados por el comando palestino, que los secuestro en la Villa Olímpica de Múnich, en 1972.


Voces opuestas
Sin embargo, no todos en Israel estaban de acuerdo. Tal fue el caso de Shabtai Teveth, periodista judío, quien dijo sobre estos hechos que:
“Hay mucha gente en Israel que cree que no existe un método más efectivo que el del ojo por ojo…, hay mucha gente, aquí en Israel, que quiere ver actuar a la estrategia represiva en acción y demasiada gente piensa que ese es el único método que funciona contra el terrorismo árabe” y complementa: “Mientras que no consideran la idea de que son guerreros [no terroristas] que luchan por su liberación… Mientras crean que hacen justicia al asesinar a niños palestinos inocentes al bombardear un mercado en Haifa… que al asesinarlos hacen justicia tomando a cambio judíos muertos por árabes muertos… la solución al conflicto no se encontrará”.
En ese mismo sentido, pero quizá con una crítica menos directa, Spielberg, en su película Múnich, muestra la venganza judía a través de la Mosad, de una manera notable y autocrítica. El protagonista Avner (Eric Bana), miembro de la Mosad y “asesino de terroristas” tendrá que dejar a su esposa en estado de gravidez. La preocupación por su familia será la base para que Avner se plantee muchas dudas en torno al bien y el mal, la justicia y la injusticia, la crisis ética, el desgaste sicológico y la paranoia por los cuales atravesará, que me parece se puede resumir en esta serie de preguntas: ¿Es justo que un Estado reaccione de la misma manera que un grupo terrorista? ¿Soy igual de bueno que quienes mataron a los míos al asesinarlos? ¿Estoy reproduciendo la violencia at infinitum? ¿Tendré que esperar la venganza de quienes les asesiné uno de los suyos? ¿El Estado que represento tiene la razón, o los hechos que he vivido se la quitan? ¿Es mi vida mía o mi vida es lo que decide el Estado que sea?
El conflicto continúa
Lo cierto es que en estos Juegos se describe muy bien el sentido que Hobsbawm le da al deporte en la dirección de que ya no son las instituciones, sino los equipos deportivos nacionales los que representan las identidades de los países. En ese sentido, los extremistas pudieron ver el importante valor de los atletas judíos para Israel y pensaron que esa era la mejor forma de exigir la liberación de los suyos.
Para finalizar, hay que decir que los Juegos estuvieron infestadas de conflictos políticos. Una vez más el deporte no se pudo independizar del campo del poder. En oriente medio, el ojo por ojo aún continúa en esta historia de nunca acabar entre palestinos e israelíes. Los Israelíes no quieren reconocer a la nación Palestina, y los palestinos creen que con el método bastante fallido del terrorismo van a conseguir su reconocimiento como país… Al mismo tiempo que Israel responde con terrorismo de Estado, justificado porque cuenta con el poder económico- estratégico para legitimar en la ONU su accionar y negarle a Palestina su derecho legítimo a constituirse como Estado.
Fotos: www.elparlante.com.py
Continúa…

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