Skip to content

Hace 100 años. Amberes superó la guerra y la pandemia

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin

Mg. Clemencia Anaya Maya
Vicepresidenta Academia Olímpica Colombiana

Por estos días de pandemia en los que todos nos cuestionamos para dónde vamos con esta situación cobra fuerza el espíritu olímpico. Esa actitud, mediante la cual demostramos algo tan subjetivo e inmaterial que está representado en la alegría del esfuerzo, en la entrega valerosa y permanente, que fortalecida con la mística, se ve complementada con principios morales y sociales, que hacen de un atleta un modelo ejemplar.

Traigo este concepto, con el interés de motivarles a seguir adelante manteniendo en nuestra mente todos los sueños y propósitos que nos hemos trazado y que hoy ante el Covid-19 parece que algunos sentimos no poder alcanzar…

Quiero compartir con ustedes el hecho que representa por estos días Amberes, la capital de Bélgica y uno de los países que más sufrieron el impacto de la I Guerra Mundial.  Sería esta misma razón la que determinaría que el Comité Olímpico Internacional eligiera este lugar como sede de los Juegos Olímpicos de la VII Olimpiada. Pero aún más impresionante es hoy recordar que para esa época, el sentimiento de la humanidad debió ser devastador, nostálgico y doloroso, por cuanto no sólo el efecto nefasto de la guerra, en la que murieron aproximadamente quince millones de personas, sino que la peste causada por la Influenza cobró la vida de casi cien millones de personas, entre 1918 y 1919, cien años atrás de este momento agobiante que hoy vivimos.

Serían veinte países de Europa que habían estado en la guerra y viviendo las angustias de una peste sin vacunas, ni antibióticos, a los que se sumaron Argentina, Brasil, Canadá, Estados Unidos, Chile, Perú y Japón. En realidad fue más fuerte el espíritu olímpico, el deseo de compartir, de demostrar sus capacidades atléticas, de esforzarse para mostrar la nobleza del deporte en niveles más humanos que tecnológicos, es decir, muy distintos a nuestra época, pero con el mismo espíritu de los atletas, que con pasión se preparan para unos Juegos.

Susan Lenglen: Rincón Olímpico.

Dadas las circunstancias, el 14 de agosto de 1920, a las 10 de la mañana, en la catedral de Nuestra Señora de Amberes se celebró una misa, en la cual el cardenal Mercier rindió homenaje a los muertos de la gran guerra y celebró los beneficios del deporte.

Resulta casi abrumador pensar en cómo sería ese esfuerzo que en principio provenía de los propios atletas, muchos de ellos con escaso apoyo de sus gobiernos. En esos Juegos, por primera vez en la historia olímpica se daría paso a que oficialmente fueran los Comités Olímpicos Nacionales los que registraran a los participantes. De esa manera, el orden, la organización y las jerarquías olímpicas fueron estableciéndose para dar paso a lo que hoy denominamos Inscripción/Acreditación.

Definitivamente, lo más asombroso de todo esto es la capacidad de resiliencia del ser humano representado en los atletas, dirigentes, entrenadores y demás personal oficial de sus delegaciones. En términos de la filosofía del olimpismo, a eso le llamamos “superación”. Este valor hace parte indiscutible de la búsqueda de la excelencia y consiste en dar más de nosotros mismos, mejorar nuestras habilidades, conocimientos, fortalecer nuestros valores utilizando el deporte como el escenario perfecto que nos lleva, en forma intrínseca, a ser mejores personas.

¿Pueden ustedes imaginar ese momento histórico, en el que se inauguraron los Juegos de Amberes 1920, después de tanto padecimiento y muertes?. Creo que la responsabilidad de esta capital olímpica al recibir la sede de los Juegos fue una opción para demostrar su capacidad de perdón, de amor al deporte, de confianza en los Juegos Olímpicos y su capacidad de aporte al ser humano con visión de futuro. Fue, en otras palabras, recoger la esperanza de la humanidad y convertirla en reto de superación, para unir al mundo en paz.

No todo fue fácil en aquella época…. Como hemos podido apreciar, tan solo veintiocho países asistieron a esa cita olímpica, y hoy hablamos de doscientos seis que participarían en Tokio 2021, pero las circunstancias aunque parecidas a las que vivimos hoy estaban marcadas por diferencias políticas, diferencias sociales, revolución industrial, desigualdad de género (nula participación de las mujeres en todos los niveles), incipiente desarrollo del transporte aéreo y terrestre, explotación laboral, discriminación racial, entre otras.

Así las cosas, al pensar en los Juegos de Amberes, imagino la emoción de lograrlos y la forma de llevarlos a cabo. La presencia del Barón de Coubertin, con su formación militar, garantizaba que el ceremonial y el protocolo fueran respetados a cabalidad, pero además, que la fusión entre cultura, deporte y educación, pilares fundamentales del Movimiento Olímpico se evidenciaran en la organización. Por tal motivo, la ceremonia de inauguración incluyó  coros suecos y escandinavos, que interpretaron la Brabanzona (himno de Bélgica), una de las piezas de la música clásica más destacadas en la cultura musical, mientras al fondo se escuchaban disparos de cañón celebrando el evento y se lanzaban por primera vez palomas como símbolo de paz. Además, los coros  interpretaron una marcha especialmente compuesta para esa ocasión, cuya letra se refiere al futuro y a la esperanza.

Para la historia del Movimiento Olímpico quedaría incorporada la ceremonia de izada de la bandera olímpica con sus cinco anillos azul, rojo, negro, amarillo y verde sobre fondo blanco que significan el carácter universal de los Juegos Olímpicos, lo cual fue una novedad para los asistentes y los comités olímpicos nacionales y próximos comités organizadores de Juegos, la adoptarían oficialmente a partir de entonces en todas las ceremonias de apertura.

Como caso especial de esa ceremonia podemos hablar del desfile de los atletas. A partir de la 1:30 pm., del 20 de agosto, la multitud acudió al Estadio Olímpico, que se estrenó para la ocasión. A la 1:40 PM. hizo presencia el rey de Bélgica, Alberto I, rodeado de la reina, del príncipe, del Cardenal Mercier, de los ministros belgas  y del Comité Olímpico Internacional en pleno. Inmediatamente comienza el desfile. Los atletas entran al Estadio y paran frente a la tribuna real y el Comité Olímpico Internacional. Todos se alinean en un semicírculo sobre la pista. El rey Alberto se pone de pie y dice: “Proclamo la apertura de los Juegos Olímpicos de Amberes”. Luego el desfile continúa en el sentido contrario al que entró el rey, quien se retira con un cerrado aplauso.

Victor Boin, figura emblemática del deporte belga, medallista olímpico en esgrima, waterpolo y natación, que participó en los Juegos Olímpicos de Londres 1908, Estocolmo 1912 y Amberes 1920 tendría el honor de hacer el juramento olímpico, en nombre de los atletas, por primera vez en unos Juegos. El texto escrito por el Barón Pierre de Coubertin decía así: “Juramos que participaremos en los Juegos Olímpicos en leal competencia, respetuosos de las reglas que los gobiernan y ansiosos por participar con un espíritu caballeroso, por el honor de nuestro país y la gloria del deporte”.

El legado de Amberes1920 enriqueció el protocolo de los Juegos, para fortalecer los valores planteados por Coubertin, de unión entre los pueblos, de amistad y búsqueda de la excelencia permanente. La ciudad lucía engalanada. Las delegaciones recorrieron sus calles recién pavimentadas y disfrutaron los numerosos arcos triunfales dispuestos en honor de los atletas aliados. La gratitud se hacía manifiesta en el ambiente de los Juegos. Amberes, con humildad, después de sufrir el tormento de la guerra y la peste, se esforzaba por acoger a los países participantes y, de esa forma, lograba proyectar al mundo esperanza y confianza en los Juegos Olímpicos, para beneficio de una  humanidad ansiosa de paz y libertad.

Ahora bien. Por esa época debemos tener presente que para las mujeres era muy difícil poder participar en un evento como este. Ya para ese entonces, las presiones de Alice Milliat para lograr que el programa de eventos femeninos hiciera parte de los Juegos Olímpicos eran muy intensas y había sido negado por el presidente Pierre de Coubertin. Sin embargo vale la pena destacar la presencia de dos mujeres en Amberes, Susan Lenglen, en tenis, la campeona de Wimbledon, quien ganó en sencillos los cuatro juegos del torneo. En dobles haciendo equipo con el veterano olímpico Max Decugis, logró un éxito definitivo para Francia.

Al ser cuestionada por su juego fuerte y veloz escribió en un artículo: “Parece que mis victorias legitiman una historia. Como gané en los Juegos Olímpicos tengo que hacerlo. Perdónenme, sobre todo, no veo ninguna fatiga personal en el desempeño de mis partidos. Ya varios encuentros en el pasado no tuvieron trascendencia. A veces no se pretende que el campeón se deje ganar un juego o dos, para complacer al oponente. No tenía ninguna razón para actuar de esta manera, especialmente porque estos actos “quijotescos” solo logran ganar confianza en el rival y, a menudo, traen una derrota inmerecida. Yo estaba decidida a defender mi oportunidad y a imponerme en las rondas eliminatorias”. Sus palabras denotan conocimiento y dominio de la competencia, así como pasión por alcanzar la meta, y contribuirían a afianzar en  las mujeres de su época,  su deseo de hacer deporte sin limitaciones.

La segunda atleta presente sería la nadadora Ethelda Breibtrey, de Estados Unidos, quien daría de qué hablar. Sus acciones en Amberes fueron criticadas y censuradas por muchos medios. Sin embargo, sus resultados y sus esfuerzos fueron rescatados por investigadores de la historia a través de la cual podemos develar que su participación también marcó un hito en la historia del deporte femenino. El solo hecho de lucir en natación el vestido de baño corto, y dejando ver sus piernas, le significaría un arresto a Ethelda, quien había logrado títulos olímpicos y récords del mundo en 100 y 300 m. libres, así como en el relevo de 4×100.

Las dos atletas tenían algo en común: la búsqueda de una oportunidad para participar en los Juegos Olímpicos y dar lo mejor en beneficio de sus países. Así las cosas, el legado de Amberes 1920 fue un aliento para la humanidad, a través del cual los atletas inspiraron al mundo para seguir adelante transformando la dificultad en oportunidad y mirando más allá de su dolor o su pérdida.  

Amberes acogió en ese año los Juegos Olímpicos de Invierno en abril y los de verano en agosto y septiembre, y nunca más incursionaría en candidatura alguna para ser anfitriona nuevamente de unos Juegos. Su legado para la humanidad lo hizo en un momento muy crítico, con lujo de detalles culturales y deportivos. Se le recuerda como la ciudad humilde, como dice la Brabanzona: “Todos lo juramos, ¡vivirás! ¡Vivirás siempre grande y bella! Tendrás por lema inmortal: ¡El Rey, la Ley, la Libertad!”

Artículos DE LA REVISTA relacionados

PATROCINADORES