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GOBERNANZA: La Legitimidad, como principio de la Gobernanza

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Néstor Ordoñez Saavedra (COL)
Miembro de Número de la Academia Olímpica Colombiana

La legitimidad es una condición o estatus que una organización adquiere como reconocimiento por parte de la sociedad, ante el evidente cumplimiento de su misión, por los logros alcanzados en función del desarrollo armónico de una determinada comunidad, que para el caso que nos ocupa, son las instituciones del sector asociado colombiano (Comité Olímpico Colombiano, federaciones deportivas nacionales, ligas o clubes). En este sentido, la legitimidad como pilar de la gobernanza, nunca se desliga de los principios o valores que necesariamente se deben observar en la gestión de las organizaciones deportivas. En suma, la legitimidad es un principio que se armoniza con otros principios que favorecen la denominada “buena gobernanza”: equidad, igualdad, transparencia, eficacia, eficiencia, efectividad, celeridad, buena fe, publicidad, responsabilidad social, coherencia y congruencia.

En este orden de ideas, partiremos de las tres formas de legitimidad según Zaum, D. (2013). La primera, de la producción, está relacionada con la eficacia para producir los resultados deseados y promover objetivos mutuos. La segunda, del procedimiento o procesal, se basa en la pregunta: ¿Si el funcionamiento interno de una institución se ajusta a procedimiento generalmente aceptado? La tercera, estructural, se pregunta ¿Si una institución es la organización adecuada para el trabajo?.

Con respecto a la legitimidad de la producción es importante considerar que la mayoría de las organizaciones deportivas buscan alcanzar resultados a toda costa, es decir, el fin puede justificar los medios, así no sean idóneos. Entonces, una de las tareas que deben emprender es establecer unos objetivos mutuos, para poder producir unos resultados que en ningún momento deben atentar contra la integridad y dignidad del ser humano, ni tampoco que vayan en contravía del juego limpio y del Olimpismo. No se debe olvidar que algunas naciones, regiones u organizaciones han obtenido preseas en eventos deportivos de nivel nacional o internacional, sin alcanzar ese estatus de legitimidad, ya que en las aparentes proezas deportivas pueden estar presentes actos de corrupción, estrechamente relacionados con hechos reprochables como el dopaje, la violencia, la discriminación, el arreglo de resultados, la compra de votos o sedes, la imposición de patrocinadores, la especialización temprana en niños, la contaminación ambiental y el derroche de recursos públicos  o privados.

En el caso de la legitimidad del proceso es común observar en las organizaciones deportivas que los resultados se generan de procedimientos no aceptados, como por ejemplo, la llamada trashumancia deportiva, en la que los atletas abandonan sus lugares de origen, para competir por una nación o región que les brinda mejores condiciones económicas. Por otro lado, en los procesos electorales aún están presentes algunas malas prácticas, como la compra de votos, la perpetuidad en el poder y el nepotismo, entre otras. Todo esto va en contra de los principios de la democracia representativa y los preceptos del Olimpismo. 

De ahí el férreo compromiso que debe adquirir la dirigencia deportiva nacional e internacional. Adicionalmente, la legitimidad entrará en crisis, si los resultados no obedecen a un proceso que ha sido concertado con los diferentes actores de la sociedad; en este aspecto es indispensable vincular activamente a: la familia, las instituciones educativas, los entes gubernamentales y no gubernamentales, la afición deportiva, los medios de comunicación, los patrocinadores, los jueces y las comisiones disciplinarias, entre otras.

En lo referente a la legitimidad estructural se puede afirmar que el diseño institucional de las organizaciones deportivas en algunos casos ha favorecido el fenómeno de la corrupción. En este orden de ideas, una estructura organizacional no adecuada para el trabajo no favorece la discusión racional, ni tampoco la toma de decisiones; así mismo, existe una ineficiencia en los mecanismos de control interno y externo de los organismos del sector asociado. Para estos efectos es necesario evaluar el diseño institucional, esto con el fin de aplicar correctivos para resolver los problemas que afectan el desempeño de entes deportivos privados y, por ende, su imagen ante la sociedad. En síntesis, el modelo de organización y administración requiere ser adaptado a los nuevos desafíos, pero especialmente para combatir las amenazas del Olimpismo.

Finalmente surge una interrogante ¿Qué hacer para que las organizaciones deportivas sean más legítimas? A partir de la pregunta se sugieren algunas acciones de mejora: 

1- Publicar todas sus actuaciones y decisiones en la página Web, especialmente las referentes a actas y movimientos financieros; 

2- Permitir el acceso a la información a todos los afiliados y a los entes de control; 

3- Establecer un perfil para los dignatarios que ocupan los diferentes cargos en el ámbito administrativo, disciplinario y de control; 

4- Adoptar un proceso transparente de elección democrática, en el cual cada aspirante pueda presentar y sustentar su programa de trabajo;

5- Definir mecanismos de revocatoria de mandato, esto para los dignatarios que incumplan sus programas de trabajo; 

6- Exigir una formación o capacitación mínima para ser dirigente deportivo, especialmente relacionada con las ciencias del deporte, en el área de la gestión deportiva; 

7- Definir unos mecanismos internos en cada país, para la asignación de sedes, respecto a los diferentes eventos deportivos; 

8- Otorgar mayores facultades a las comisiones disciplinarias, igualmente dotarlas de los recursos necesarios para que puedan actuar con independencia y celeridad; 

9- Exigir a las instituciones un mayor compromiso con el deporte formativo, con el fin de combatir la especialización y competición temprana en niños; 

10- Implementar programas que estén orientados a la formación en principios y valores del Olimpismo; 

11- Exigir a las instituciones un proceso permanente de autoevaluación, con miras a la obtención de certificaciones de calidad;

12- Establecer indicadores para medir el impacto de las organizaciones en las diferentes comunidades deportivas, y

13- Adecuar el modelo institucional a las necesidades de las comunidades deportivas y los principios del Olimpismo.

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