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Génesis III. Comienza una nueva era

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El soporte legal ordenado por el gobierno, al crear la estructura para el Deporte Asociado; la existencia del Comité Olímpico Colombiano, COC; las experiencias internacionales de algunos deportistas, a partir de su presencia en los juegos olímpicos de Berlín, en 1936, y la calidad de la mayoría de obras construidas, en especial la pista de atletismo, hicieron de los Quintos Juegos Atléticos Nacionales, los mejores de cuantos se habían celebrado desde su iniciación, en 1928.

Fotografía de Joaquín Hernández, de Vanguardia Liberal, tomada durante la inauguración de los V Juegos Nacionales, en Bucaramanga, el 10 de diciembre de 1941.

Por Alberto Galvis Ramírez

Director Revista Olímpica y Secretario de la Academia Olímpica Colombiana.

Los V Juegos Nacionales, con sede en Bucaramanga, en diciembre de 1941, fueron programados bajo la nueva estructura del Deporte Asociado, en diecisiete deportes, seis más que en los anteriores, en Manizales, que entregaron títulos en atletismo, baloncesto, boxeo, ciclismo, fútbol, golf, lucha, natación, tenis de campo, tiro y waterpolo. En las capital de Santander se incorporaron ajedrez, béisbol, ecuestres, levantamiento de pesas, esgrima y voleibol

El Comité Organizador, dirigido por Horacio Rodríguez Plata, acompañado por Numael Hernández, David Martínez Collazos, Gilberto Díaz Granados, Alberto Orduz Ardila, Mario Galán Gómez, Carlos Julio Ardila Durán, Francisco Puyana Menéndez y Saúl Trillos Vega, recibió la inscripción de  680 deportistas distribuidos así, por regiones: Antioquia, 129; Atlántico, 44; Bolívar, 108; Boyacá, 25; Caldas, 37; Cauca, 25; Cundinamarca, 140; Nariño, 43; Magdalena, 35; Santander, 150; Norte de Santander, 45; Tolima, 18; Valle, 75, y Chocó, 24


Eduardo Santos Montejo, presidente de Colombia en 1941.

Colombia le declara la guerra al Japón

El 3 de diciembre de 1941 fue divulgado el programa de actividades que cumpliría el presidente Eduardo Santos con ocasión de su visita a Santander, para inaugurar los Quintos Juegos Nacionales. El programa era el siguiente:

Diciembre 10: llegada al Socorro e inauguración del puente que llevará su nombre, sobre el río Suárez, y breves visitas a Zapatoca y Galán.

Diciembre 11: viaje a San Vicente, en donde se le obsequiará una copa de champaña, en horas de la mañana. Posteriormente continuará su viaje a Bucaramanga.

Diciembre 12: inauguración de los Quintos Juegos Deportivos Nacionales, en el estadio Alfonso López, de Bucaramanga.

Diciembre 13: regreso a Bogotá.

El 4 de diciembre, sin embargo, el mundo se estremeció con una noticia sucedida dentro de la II Guerra Mundial que se había desatado, en territorio europeo: Japón había declarado la guerra a Estados Unidos.

Antes de que el gobierno del país amenazado se pronunciara sobre el anuncio nipón, el gobierno colombiano produjo una noticia que abrió las informaciones de todos los diarios nacionales: Colombia le declarará la guerra al Japón.

Por esta determinación, el presidente Santos decidió cancelar su asistencia a la inauguración de los Quintos Juegos Nacionales, porque declararle la guerra a un país, exigía acciones políticas y militares muy delicadas, que podrían ocupar el tiempo del primer mandatario en las semanas siguientes, como la vigilancia de las inversiones del Japón en Colombia, y las reacciones de la legación acreditada en nuestro territorio.

Delegación de Caldas, en la inauguración de los Juegos.

Los restos de Daniel Salas llegan a su tierra

El lunes 8 de diciembre de 1941 llegó a Bucaramanga el seleccionado de Caldas, con un equipaje adicional que l 11 de  merecería las simpatías de los santandereanos. Se trataba de las cenizas del futbolista santandereano Daniel Salas, quien había muerto en un accidente de tránsito, en Manizales, durante el certamen y había sido sepultado en la capital de Caldas. Los restos fueron entregados en ceremonia especial, a la reina del deporte de Santander, Beatriz Primera, quien encabezó el homenaje al deportista desaparecido. El acto se cerró con tristes notas musicales interpretadas por la Banda de Guerra de la Escuela de Menores y Casa de Trabajo de Piedecuesta. A continuación, la urna fue trasladada al Cementerio Católico, al sur de la alcaldía, en donde fueron sepultados en tumba donada por Jerónimo Chacón.

El 9 de diciembre llegó a Bucaramanga Alberto Nariño Cheyne, Jefe del Departamento Nacional de Educación Física y representante del gobierno nacional ante el Comité Organizador de los Juegos, considerado uno de los dirigentes deportivos pioneros de Colombia, como quiera que por su iniciativa se constituyó, en 1936, el Comité Olímpico Colombiano, y se crearon los Juegos Bolivarianos, que dos años después se celebraron por primera vez en Bogotá.

El mismo día, también llegaron a Bucaramanga, procedentes de Panamá, los dos árbitros contratados para dirigir los partidos de baloncesto de los juegos. Eran el panameño Ricardo de la Espriella, comisionado del Ministerio de Educación y Deportes de su país; profesor del Instituto Nacional del vecino país, y presidente del Colegio Nacional de Árbitros, y Roberto Meyer, exjugador de baloncesto de nacionalidad estadounidense, y ahora dedicado al arbitraje.

El 11 de diciembre, a las 2.30 PM., hicieron su ingreso al estadio Alfonso López,  escenario ocupado por aproximadamente 20.000 personas, el Ministro de Educación, Darío Echandía, en representación del Presidente Eduardo Santos; el Director Nacional de Educación Física, Alberto Nariño Cheyne; el gobernador de Santander, y el alcalde de Bucaramanga, quienes se ubicaron en la tribuna de honor, para presenciar el desfile de las delegaciones, encabezado por Caldas, como anfitrión de los anteriores juegos, y cerrado por Santander, como sede de los presentes.

Al otro día, en horas de la mañana, comenzaron los Quintos Juegos Atléticos Nacionales, con el programa del atletismo, que se empezó a cumplir desde las 8.30 de la mañana, en la pista del estadio Alfonso López, que ya había recibido los elogios de los deportistas, que la consideraban la mejor de cuantas habían pisado en territorio nacional.

De igual manera comenzaron los partidos de baloncesto, en la cancha construida en predios del estadio, cerrada y con tribuna, que posteriormente se convertiría en el Coliseo Cubierto Vicente Díaz Romero, con capacidad para 8.000 personas.

Ese mismo día comenzaron las competencias de levantamiento de pesas, tenis, tiro y fútbol. Los demás deportes se cumplieron en los siguientes días, en los escenarios dispuestos por la organización.

El barranquillero Rafael Cotes gana los 100 metros planos, en Bucaramanga 1941.

La consagración de Rafael Cotes

El atletismo fue el deporte rey de los Quintos Juegos Nacionales, de Bucaramanga, que estrenaron la pista más rápida del país, fabricada en arcilla, preferida por quienes buscaban superar marcas, por lo menos hasta los años setenta, cuando se construyeron las sintéticas de Cali y Pereira.

De ese total de registros, tres fueron establecidos por quien se consagró figura del certamen, el barranquillero Rafael Cotes: 100 y 200 metros planos y el pentatlón, meritoria combinación de velocidad, agilidad, resistencia y fuerza, valores extraños en los deportistas de la época en Colombia.

Cotes estableció oficialmente 10 segundos 6 décimas en la final de la prueba reina, aunque en una eliminatoria fijó 10.2, tiempo igual a la marca mundial, lo que causó revuelo, pero su tiempo no fue homologado porque tenía un fuerte viento en su favor.

Pero la competencia que consagró a Cotes como la figura de los juegos, fue la de 200 metros planos. La barrera infranqueable de la época para la distancia era de 23 segundos. Sólo un corredor, el cartagenero José Domingo El Perro Sánchez, había logrado bajar de ese tope, al fijar 22.9, en los Juegos Bolivarianos de Bogotá, en 1938. En la final, Cotes, sin embargo, estableció un increíble registro de 21.5, que pocos lo podían creer.

Para confirmar su condición de estrella de los juegos, Cotes ganó la prueba más difícil del torneo, el pentatlón, con nueva marca nacional de 2.916 puntos, 204 más que los acumulados por Guillermo Irrisari, de Cundinamarca, dos años antes, puntaje considerado marca nacional.

Eran tantas las condiciones exhibidas por Rafael Cotes en Bucaramanga, que se dio el lujo de saludar al público en los últimos metros de los 200, y fuera de eso romper la marca nacional, con una amplia diferencia frente a la homologada.

“Hasta este año, el único colombiano que había corrido los 200 metros en menos de 23 segundos, era El Perro Sánchez (22.9). De ahí que los jueces de llegada se quedaron estupefactos, cuando vieron a Rafael Cotes, de Barranquilla, rematar los 200 metros en 21.5 segundos. Para mayor asombro, Cotes pasó la meta con el brazo en alto, saludando al público bumangués, que premiaba con aclamaciones el esplendor de su estilo. Si se hubiera abstenido de ese gesto, en parte de cortesía y en parte antitécnico, había rematado en menos de 21 segundos. Por la mañana había corrido los 100 metros en un tiempo histórico: 10.6 segundos. Sólo un Jaime Aparicio sería capaz de igualarlo varios años después. ¿Qué le pasó a Cotes? Permaneció cinco años sin oportunidad de competir, hasta los juegos centroamericanos de 1946, en Barranquilla. Ya no era el mismo, y sin embargo fue quinto en el pentatlón, con más de 3.000 puntos”. Gonzalo González GOG, El gran libro de Colombia, Círculo de Lectores.

Once marcas nacionales

En el balance de los juegos quedaron registradas para la historia once nuevas marcas nacionales en atletismo, que era después del fútbol, el deporte con mayor número de adeptos en Colombia.

Estos fueron los registros:

100 metros planos: Rafael Cotes, Atlántico, 10.6. Marca anterior: 11.0, establecida por José Domingo El Perro Sánchez, de Bolívar, en 1938.

200 metros planos: Rafael Cotes, Atlántico, 21.6. Marca anterior: 22.9, homologada a José Domingo El Perro Sánchez, de Bolívar, en 1938.

800 metros planos: José del Carmen Gómez, de Cundinamarca, con 2.00.6, que mejora su  propio récord de 2.03.2.

1.500 metros planos: Luis Casabianca, de Cundinamarca, 4.15.9, que supera el registro del también cundinamarqués Juan J. Castellanos, homologado en 4.27.6, en 1938.

5.000 metros: Guillermo Rodríguez, de Cundinamarca, con 16.42, que rompe la marca nacional de Jorge Nova, establecida en 1938, en 16.50.

10.000 metros: Ariosto Vega, de Santander, con 35.17, que supera el reconocido en 1938 a Jorge Nova, de Cundinamarca, en 35.22. El tiempo de Vega, también es marca bolivariana.

400 metros con vallas: José Marino, del Valle, con 58.6, mejor que la marca del cundinamarqués José del Carmen Gómez, establecido en 1938, en 59.3.

Salto alto: Oswaldo Ruiz, Atlántico, con 1.77 metros, superior al 1.70 que tenía 

en su poder Rafael Vieira.

Salto con garrocha: Antonio González, de Atlántico, quien estableció 3.39 metros, que mejora la altura homologada a José Borrero, del Valle, quien había fijado 3.30, en 1937.

Lanzamiento de bala: Pionono González, del Valle, con 11.86 metros, que rompe 

su propio registro de 11.75, reconocido en octubre de 1941.

Lanzamiento de martillo: Vicente Lagoyete, de Antioquia, con 39.07 metros, que

mejora la distancia del vallecaucano Pionono Gonzalez, de 37.03, marcados en octubre de 1941.

Pentatlón: Rafael Cotes, de Atlántico, con 2.916 puntos, superior a la marca de Guillermo Irrisari, de Cundinamarca, quien ese mismo año había establecido 2.712.

Duelo a muerte

Un insólito “duelo a muerte” fue pactado entre dos esgrimistas, durante las competencias de este deporte en los V Juegos Nacionales, de Bucaramanga.

El hecho sucedió cuando la primera autoridad de la esgrima en Colombia, Miguel Valderrama, quien actuaba como el juez principal del torneo, reaccionó contra el teniente Luis A. Suárez, de la delegación de Santander, luego de que este le criticara su trabajo de juzgamiento.

Así registró el periódico La Razón, de Bogotá, este insólito suceso, que pareció llevar los juegos nacionales al romántico siglo XIX, cuando las deudas se saldaban de esa manera.

“Bucaramanga, diciembre 16 de 1941. Urgente. De nuestro enviado especial Miguel Forero Nougués. El entrenador de esgrima de la delegación de Cundinamarca, profesor Miguel Valderrama, acaba de desafiar a duelo al teniente Suárez, de la delegación de Santander. Participante en los eventos de esgrima que se están realizando en los juegos, a consecuencia de las opiniones expresadas por el teniente Suárez, en torno a un arbitraje del profesor Valderrama, en competencias últimamente realizadas.

“Se ignora qué armas hayan de preferirse para su realización”.

Al poco tiempo de pactado, en vista de las fatales consecuencias que pudiera tener para los dos protagonistas, el duelo a muerte se cambió por “duelo a primera sangre”, es decir, hasta que uno de los dos resultare herido. La sede escogida fue el teatro Garnica, en el centro de Bucaramanga, que había sido escenario de competencias de los juegos, entre ellas la esgrima. Finalmente, la intervención de diversas personas vinculadas al certamen, logró la conciliación de los dos eventuales enemigos, quienes hicieron las paces luego de las respectivas excusas mutuas.

Próximo 30 de noviembre: Cundinamarca, el campeón general de los V Juegos Nacionales.

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