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Galardones Olímpicos, legado universal

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Parece increíble, pero es cierto. Uno no se cansa de encontrar a cada paso de la historia, cómo el Barón de Coubertin pensó en cada detalle de su amada organización, el Movimiento Olímpico.

Pierre de Coubertin, fundador del Movimiento Olímpico Internacional.

Por Clemencia Anaya Maya

Vicepresidente Academia Olímpica Colombiana, AOC

Pierre de Coubertin revisó y confirmó la necesidad de reconocer el triunfo de los atletas desde la primera prueba que se hizo en 1896, en los Juegos de Atenas. Allí los vencedores recibieron una medalla de plata, una corona de olivo y un diploma, y al segundo lugar se le otorgó una medalla de bronce, una corona de laurel y un diploma.

Era el inicio del Movimiento Olímpico, de la organización de un evento multideportivo de tal magnitud, que todos aportaban tratando de exaltar su calidad y, sobre todo, de establecer protocolos en todos los niveles. Es emocionante pensar en cómo los comités organizadores o, en suma, los encargados de hacer rodar el evento debieron pensar en todo. 

En los Juegos de 1900, en París, lamentablemente no hubo ceremonia de inauguración; se les dio  a los participantes una medalla con la diosa Nike sosteniendo los laureles con ambas manos, y en el anverso, un atleta sosteniendo un laurel en su mano derecha. 

Ya para 1904, los Juegos darían un salto muy grande al otorgar la sede por primera vez a un país fuera del continente europeo. Serían los Juegos en San Luis, a pesar de que hubo dificultades en su organización, los que establecieron la forma como hoy se sigue premiando a los tres primeros. Sobre la medalla que se entregó a los vencedores apareció la inscripción “OLYMPIAD”, y por primera vez se entregaron medallas de oro, plata y bronce.

Una vez establecido este protocolo de premiación, Coubertin se dio a la tarea de pensar cómo reconocer el esfuerzo y, ante todo, el aporte que cada institución gubernamental, organización deportiva, federación internacional, Comité Organizador de Juegos del Movimiento Olímpico o Comité Olímpico Nacional hacía por mejorar su entorno, beneficiar a la población o contribuir a la difusión del olimpismo en general.

Copa Olímpica.

Como lo establece la Carta Olímpica, el Presidente representa al Comité Olímpico Internacional y preside todas sus actividades. De tal forma que es responsable de todos los cambios que se introducen en el Movimiento Olímpico. Así que para el IV Congreso Olímpico, que se celebró en París en 1906, introdujo un elemento relevante que motivaría aún mas a los organizadores de Juegos Olímpicos: la Copa Olímpica[1].

Esta gran distinción se otorga a una institución o asociación con una excelente reputación, que se ha destacado por sus méritos e integridad y que ha sido un aporte al desarrollo activo y eficiente del Movimiento Olímpico. Por más de un siglo ha sido entregada a diferentes organizaciones y asociaciones en el mundo. Para nuestro orgullo debemos reconocer con admiración y respeto que Colombia ha recibido en tres oportunidades tan importante distinción.

La primera fue otorgada en 1946 al Comité Olímpico Colombiano, cuando era presidente Gregorio Obregón, quien hacia parte del grupo pionero, idealista y pujante, con Humberto Chica Pinzón, el coronel Leopoldo Uribe y José Antonio Bonnet, artífices de la causa hasta lograr que el Comité Olímpico Internacional diera el reconocimiento oficial a nuestro Comité, en 1948.

La segunda vez fue otorgada en 1962 al Comité Organizador de los Juegos Bolivarianos de Barranquilla, que se celebraron en 1961, y la tercera vez fue otorgada en 1971, al Comité Organizador de los Juegos Panamericanos de Cali. Estos dos eventos multideportivos regionales aportaron obviamente a la difusión de la idea olímpica y al fortalecimiento de la estructura del Movimiento Olímpico, así como a la práctica del deporte en todos los niveles de la sociedad moderna.

Es una copa sencilla y modesta, cuya base sostiene un platillo ovalado en el que una pequeña columna jónica[2]sirve de pedestal para la figura de la icónica diosa Nike. Ella, con sus alas semi extendidas presenta con su mano derecha una placa y en su mano izquierda una rama de olivo. El original de esta copa está celosamente guardado en el Museo Olímpico de Lausana, en Suiza, y los ganadores han recibido una réplica, acompañada de una placa y un diploma.

Tesoros como estos son los que los aficionados al deporte, en especial los seguidores de los olímpicos deben conocer. De allí mi interés por difundir el tema, porque sería muy importante poder rescatar la Copa Olímpica de 1946, que no existe en el Comité Olímpico Colombiano, ni tampoco la placa. Solo ha quedado en una pared de la actual sede de la Academia Olímpica Colombiana en la Carrera 16 No.37 – 20, el diploma que como testigo de este honor se exhibe en una de las columnas a la entrada. 

De igual forma las otras dos pues en Cali, en la que era la Junta Administradora de Deportes del Valle se encuentra la Placa y el Diploma, pero de Barranquilla desconocemos su existencia.

Si al leer esta nota, alguno quiere comunicarse conmigo para darme pistas, lo agradeceremos como una valioso aporte a la historia del deporte en Colombia y estaré atenta a sus comunicaciones en mi dirección electrónica, clemencia.anaya@olimpismo.org


[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Copa_Ol%C3%ADmpica

[2] Estilo particular que se destaca en las construcciones griegas de la época antigua y tienes formas como de caracol o espiral 

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