Skip to content

Filosofía. Una larga pista hacia la cumbre

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin

“Yo soy un viajero y un escalador de montañas, no me gustan las llanuras y parece que no puedo estarme sentado tranquilo largo tiempo. Y sea cual sea el destino, sean cuales sean las vivencias que aún haya yo de experimentar – siempre habrá en ello un viajar – y un escalar montañas, en última instancia no se tienen vivencias más que de si mismo.”  (Nietzsche, 1973 citado, 6/7 Argumentos. 1983.)

Foto: Pikis.

Fabio Alfredo Navarro Pasquali

Filósofo de la Universidad Nacional, Abogado de la Universidad Libre de Colombia, Especialista en Filosofía del Derecho y Teoría Jurídica de la Universidad Libre, Magíster en Historia de la Pontificia Universidad Javeriana. Ha elaborado escritos y artículos como: Descartes y la Historia del Escepticismo; Deuda Externa Latinoamericana y Un Nuevo Orden Económico internacional; Aproximación al sistema judicial 1823-1830. Continuidades y Rupturas; Corte Suprema de Justicia en la República liberal. Una Corte de Oro, entre otros.

Resumen.

Caminante, camino y montaña, elementos constitutivos en la filosofía de Friedrich Nietzsche que resultan ser no solo fundamentales, sino quizá las más bellas  figuras y manifestaciones de su pensamiento, porque trascienden el espacio de lo puramente filosófico, para constituirse en expresión de vida, en tanto caminante y camino pueden entenderse como una sola figura indisoluble en el viajar, en el caminar, escalar montañas y hacer de tal ejercicio no solo una cumbre ,sino un encuentro consigo mismo. 

Pero ¿y si la montaña fuera un podio y el camino centenares de metros en pistas convertidas? ¿y si el caminante fuera un atleta que en madrugadas cotidianas se ve así mismo siendo uno distinto cada día?

Palabras clave

Caminante y camino, montaña y cumbre, pista y podio

Introducción.

Caminante y camino como el ser uno que se enfrenta en el instante fugaz de la vida al hecho de encontrarse a si mismo con el propósito de escalar la montaña, metro a metro como ser ahí, en medio de la oscura soledad, escalando la montaña o respirándola como el atleta de cualquier fondo, que se ve así mismo convertido en cumbre o en columna en lo alto del podio, héroe de legendarias gestas.

Un instante después de la lisonjera victoria, otra montaña lo mira con desdén y de nuevo el camino que asciende y el caminante cree que sus pasos lo llevan a lo profundo de su ser ahí en la cumbre o el podio y reconoce el trazo de su existencia, de sus propias búsquedas más allá del estrepitoso carnaval que dejó atrás para poder encontrarse con su propia sombra y entablar el esquivo diálogo tantas veces aplazado.

Cumbre, podio, caminante y sueños.

Friedrich Nietzsche. Foto:
USN Global, Universidad en Linea.

Recuerda entonces, que un día no muy lejano fue camino-caminante y podio, ahora desde su silencio observa a la distancia a las gentes que lo festejan como héroe, pero una vez entre la muchedumbre entiende que de su soledad-dolor brotó la sonrisa para ellos. El caminante y su sombra entienden en ese justo momento que aquellos quedaran en su festejo, pero que es necesario partir, y entonces la esquiva montaña se hace camino y a la luz de la luna se convierte en pista, caminante y sombra se hacen uno y sin hablarse recorren su camino. La montaña-podio los mira displicente. 

Montaña y podio guardan elementos comunes para quienes transitan los propios parajes de su ser uno indisoluble.  Un camino de montaña tiene la forma  que el caminante lleva dentro de si; una pista no es una pista, es el largo camino de los pasos apresurados del ir y venir, con el corazón en la mano.

Escoger una forma de vida es asumir un pensamiento, caminar y sentir en la dirección que se traza, entendiendo que ella es el camino–montaña o por qué no decirlo, es asumir la pista y el podio, como búsqueda que trasciende los espacios exteriores, para luego convertirse en la propia vida y así lograr  sentido, aunque sea en esa cumbre conquistada,  porque luego vendrán otras montañas, pistas, podios.

Volver a la pregunta originaria y entablar el diálogo, aquel que permite preguntarle a la propia sombra por el camino que recorre  al caer la noche  y el brillo de la luna sobre la blanca nieve, no hay respuesta. Abajo, en el valle el Zaratustra de Friedrich Nietzsche estaría escuchando las risas y parloteos de las gentes embebidas que ya no reconocen al caminante que por sus calles caminaba soñando con caminos y con podios.

Y al final de la pista, el atleta y su sombra. 

¿Y si la cumbre fuera un podio? ¿Y si el camino fuera una larga pista transitada, al final de la cual el caminante se ve entre la multitud aplaudiéndose pleno de felicidad, por haberse encontrado, así sea por ese momento antes de partir?        

No sólo es escalar la montaña, sino que en ese paso a paso hacia la cumbre se interioriza en el propio ser y se comienza a entender el sentido del camino y de los propios pasos. Ir más allá del espacio–tiempo que está ahí insondable, sin preguntas, pero tiene las respuestas, es la pista que se vuelve cumbre distante, pero ahí con la ternura de los amaneceres y al final de ella el imponente podio. El pedestal de las columnas que sostienen el instante de la sonrisa eterna. 

Una marca no es el final del camino, es una estación que permite entender y hasta entenderse en lo transitorio de su paso; no es definitivo, es un lugar de reposo que pronto debe convertirse en recuerdo, pues ahí, en ese mismo instante, se reinicia el camino y el diálogo del caminante. 

“Tú, sin embargo, oh Zarathustra, has querido ver el fondo y el trasfondo de todas las cosas: Por ello tienes que subir por encima de ti mismo, -arriba, cada vez más alto, hasta que incluso tus estrellas las veas por debajo de ti.” (Nietzsche: 100 años del Zaratustra, 1983)   

Aproximación a una conclusión.

¿Y el tal Zarathustra corrió alguna maratón? ¿Hizo esgrima? ¿Algún deporte, actividad física?

No.

¿Y entonces?

Una noche de luna llena lo vieron caminando montaña arriba rumbo a la cumbre, iba hablando.

¿Con quien?

Con su propia sombra.

Un permanente viajar o, mejor aún, un incesante caminar, recorrer caminos, ascender montañas, visitar sus cumbres, metáforas con las cuales se deja constancia de la vida interior que se despliega hacia la cumbre de la lejana montaña, bajo la inquisidora presencia del sonido de los pasos, que dejan constancia del diálogo eterno instaurado.

Una pista que hace las veces de camino y un caminante de apresurado andar establecen las condiciones de un diálogo que discurre entre los rítmicos pasos del quehacer físico y las preguntas sobre los valores de la propia existencia, más allá de la inquisidora mirada de la multitud que clama por sus propios motivos el logro de la cumbre o su podio para endulzar por un instante el desapego de su historia.     

Bibliografía

Nietzsche, F. (1973 citado, 6/7 Argumentos. 1983.). Así habló Zarathustra6/7 Argumentos, 150.

Nietzsche: 100 años del Zaratustra. (1983). 6/7 Argumentos, 151. Apéndice. Citado Así habló Zaratustra. Alianza Editorial. 1973. p. 220. .


Artículos DE LA REVISTA relacionados

PATROCINADORES