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Filosofía. Mujer, educación y democracia

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Resumen. En el escenario de la democracia coexisten, por decir lo menos, dos derechos, ambos de igual importancia: libertad e igualdad. Pero si privilegiamos uno de ellos, bien la libertad o bien la igualdad es posible encontrarse con dos formas distintas de entender la noción de Estado y más delicado, quizá encontrarse con que al final del debate lo que está en juego es la democracia misma.

Foto: Iberdrola.

Fabio Navarro Pasquali

Filósofo Universidad Nacional, Abogado Universidad Libre.

El objeto de este escrito no nos llevará a tal debate pero si nos alindera en un espacio específico del derecho a la igualdad desde la perspectiva de la educación. Para lograr avanzar en tal propósito habríamos de preguntarnos si privilegiando la igualdad enfrente de la libertad nos encontramos con un escenario más amplio en términos de educación y como consecuencia de esa simbiosis estaríamos construyendo y ampliando los límites de lo que tradicionalmente hemos dado en llamar democracia.

La otra pregunta llevaría a indagar por la relación entre educación y libertad, es decir, si se privilegia la libertad entonces se podría suponer que los individuos de esa comunidad así definida alcanzarían altas cotas de progreso, dadas las inmensas posibilidades que libertad y educación como binomio de alto contenido simbólico les permitiría obtener.

La igualdad sólo es posible en el escenario de la palabra, de la comunicación en el diario vivir, interactuar, en el saber que todo otro es distinto, que la moral si bien es racional no por ello es absoluta.

Palabras clave

Nación. Identidad política por excelencia, escenario en el cual confluyen diversas identidades, que sin perder su propia naturaleza hacen posible tal proyecto político.

Derecho a la igualdad, Reconocimiento de las diferencias entre individuos de una misma comunidad. Reconocimiento de la existencia de diferentes comunidades y/o identidades al interior de una Nación,

Identidad. Formas de reconocimiento y de reconocerse una comunidad. Mundo de la vida. Expresión propia de la filosofía de Edmund Husserl que significa el mundo cotidiano, el mundo diario a partir del cual se construyen experiencias y conocimiento.

Introducción

Este ensayo se escribió con ocasión del “Primer Encuentro sobre Mujer y Deporte”, propiciado por el Comité Mujer y Deporte del Comité Olímpico Colombiano. En ese sentido es necesario aclarar que el enfoque de tal evento se hace desde la perspectiva de la educación en valores, como consideración especial sobre la cual se deben proyectar dinámicas propias para, efectivamente, progresar en términos de construcción democrática.

Para avanzar en la dirección propuesta se tiene como elemento básico de reflexión el derecho a la igualdad, entendido como el reconocimiento de las diferencias, entre ellas de género, raza, sexo, credo religioso y demás características especiales que hacen de cada ser humano un ser irrepetible.

Al hablar de formación en valores se debe entender el énfasis otorgado en éste escrito a ese derecho fundamental del ordenamiento colombiano, manifiesto en varias sentencias de la Corte Constitucional a través de las cuales se establecen criterios que permiten fijar los instrumentos generales a partir de los cuales se puede garantizar a todos los asociados y asociadas la protección que ordena la Constitución Política de 1991.

El escenario educativo es el lugar por excelencia en el cual se construye democracia; desde esa perspectiva igualitaria, es allí en donde la comunidad se muestra plena y diversa. Cada uno de sus miembros, estudiantes o maestros, distintos entre sí, establecen las condiciones de relación necesarias para realzar lo individual–identitario, sin perder de vista y por el contrario llevando a su máxima consideración la expresión colectiva.

La reflexión sobre la mujer y su lugar en la sociedad debe partir de ella misma. Significa pensar en un mundo que no es ajeno a las consideraciones que se traen, por el contrario, se afirman en esa dinámica que tiene como referente ese lugar de producción que es la casa, la escuela, el colegio, la universidad, mundo cotidiano que debe generar el espacio para su propia construcción como ser humano.

El deporte, como uno de los campos transitados por la mujer, parte de la temprana elaboración del patio de recreo, lugar de diferencias, de acuerdos y desacuerdos, de niñas y niños, de normas establecidas de forma horizontal por ellos mismos y aceptadas dentro de la dinámica lúdica que los motiva en planos de igualdad. De allí se traslada a las pistas deportivas, también con el fin de construir sociedad.

Derecho a la igualdad, como reconocimiento de las diferencias

Es dable entender que al plantear la noción de libertad se hace teniendo como referente al individuo, en tanto que plantear la igualdad supone, por lo menos como telón de fondo, entender que ese derecho no es el simple reconocimiento de la igualdad ante la ley como hecho connatural del hombre en sociedad, sino que desde la perspectiva del constitucionalismo moderno implica como núcleo básico de tal derecho, el reconocimiento de las diferencias.

Reconocer las diferencias, entender que no somos iguales es ya un paso importante en la comprensión del problema de fondo de una democracia. Pero ¿Es cierto que no somos iguales? Cierto, y tal afirmación no debe entenderse como peyorativa ni excluyente. Por el contrario supone entendernos como un todo, variado, multifacético. Paradójicamente ha de entenderse que tal afirmación implica el núcleo básico de la igualdad, es decir, si como sociedad somos capaces de reconocer y entender que somos distintos habremos construido un espacio amplio de reflexión. ¿Una Nación? Veamos:

“En este sentido es necesario aclarar que esta comunidad política no se produce como un proceso homogéneo de construcción de un “nosotros”, sino que la nación se configura a través de la acción de actores diversos, hegemónicos y subalternos, que entablan relaciones de poder en las que la construcción del “nosotros” constituye un elemento de disputa y consenso, que se enmarca en acciones políticas y culturales de diferenciación y exclusión internas, por encima de la alteridad con otras naciones.” (Ruiz, 2010, p. 23).

En este punto debe hacerse una aclaración de procedimiento al respecto de este escrito y tiene que ver con la anterior cita tomada del texto La política del Sport. Elites y deporte en la construcción de la Nación Colombiana 1903 – 1925 de Jorge Humberto Ruiz Patiño, que al analizar la noción de deporte en Colombia durante dicho período en el entorno de una gran problemática social acude a la definición del concepto de Nación que opera en autores como Pérez Agote, (1993), y Laclau y Mouffe (2006), entre otros.

¿Por qué la necesidad de aclarar? Por metodología, pues la citación obedece a planteamientos que pueden resultar diversos en los textos, pero frente a temas centrales como Nación e identidades, los autores citados por Ruiz Patiño resultan pertinentes para este escrito, desde la perspectiva del Derecho a la Igualdad y su desarrollo en nuestra sociedad, a lo largo del Siglo XX y comienzos del XXI.

Para la Jurisprudencia de la Corte Constitucional Colombiana, el Derecho a la Igualdad supone la existencia de, por lo menos, dos factores esenciales de reconocimiento: a. Si no hay ninguna razón suficiente para la permisión de un tratamiento desigual, entonces está ordenado un tratamiento igual. b.- Si hay razón suficiente para ordenar un tratamiento desigual, entonces está ordenado un tratamiento desigual. (Gaviria Carlos. Magistrado ponente. Sentencia C -022 /96)

El derecho a la igualdad se constituye en espacio básico de otros derechos, pues sin lugar a dudas aquel garantiza la existencia de los múltiples reconocimientos, el espacio de la legitimidad. En ese sentido veamos a Laclau y Mouffe citados por Ruiz: “En efecto, la nación es una fijación parcial del conjunto de identidades que se conforman en torno a un sistema de diferencias y que son suturadas mediante una práctica articulatoria, en la cual ´los objetos…no…se engarzan como las piezas de un mecanismo de relojería, sino en la medida en que la presencia de unos en otros hace imposible suturar la identidad de ninguno de ellos´” (Ruiz, 2010, p. 30).

La nación es entendida como el medio ideal en el cual las identidades, por diversas que fueren se articulan en planos de igualdad y reconocimiento, en términos de Ruiz (2010.p.30) en planos de equivalencias, que dentro de su argumentación habrán de entenderse como la posibilidad de re significación de las identidades o desde la lectura igualitaria, como la posibilidad del reconocimiento de cada una de ellas, sin limitación alguna.

Lo anterior significa la construcción de tejidos comunes (Ruiz, 2010, p. 30), pero desde otra lectura, significa no solo la construcción de Nación como se ha visto, sino además la creación de espacios propios para la educación, pues esos conceptos sin lugar a dudas permiten entrever espacios críticos en donde la formación en valores sea el referente central. La construcción del concepto de igualdad que aquí se trae pretende acercarse al escenario de la educación como sustrato de la democracia.

Desde esa perspectiva, la educación adquiere una particular importancia dada en términos de formación de ciudadanos y ciudadanas, es decir, la ciencia, técnica y tecnología, lugares comunes en la universidad, se articulan en nuevas dimensiones éticas, pues no se trata de una razón instrumental al servicio de unos fines grises u oscuros, sino que la finalidad de esos saberes tendrá sentido social.

La formación en valores retroalimenta procesos, dinámicas sociales, entendimientos y visibilización de quienes históricamente han estado al margen de la palabra. La educación adquiere sentido nuevo, pues en el horizonte del estudiante surgen prioridades humanas, sociales e históricas, antes ocultas en su proceso formativo.

Filosofía de la educación

Para avanzar en la dirección propuesta, esto es, lograr configurar dentro del ámbito del derecho a la Igualdad el ejercicio pedagógico de la formación en valores del ciudadano y la ciudadana y la transformación de la educación en proyecto democrático, se considera pertinente revisar la propuesta que en el sentido de la ética comunicativa como presupuesto básico en la consolidación de cualquier ejercicio democrático se realiza en dos textos que apuntan en esa dirección: las ciencias necesitan de las humanidades y las artes y Borradores para una filosofía de la educación, de Guillermo Hoyos y otros.

Hablar de una filosofía de la educación significa, en primer lugar, hablar de espacios igualitarios, es decir, de lugares en los cuales no exista el más mínimo riesgo de discriminación por cualquier razón que se quiera hacer prevalecer.

El espacio de la educación deberá reconocer las identidades y las diferencias y propender por la comprensión conjunta entre maestro y estudiante del mundo de la vida (Hoyos. 2010. p .204), expresión de la filosofía de Husserl, que puede entenderse como nuestra cotidianidad y el conocimiento que de ella se obtiene configurado en ese reconocimiento.

La necesidad de establecer una relación profunda entre la filosofía y la educación lleva en el caso de lo argumentado por Hoyos en el texto Borradores para una Filosofía de la Educación a señalar que tal relación no está dada en términos de “una pedagogía en el sentido de la práctica o de didáctica de una filosofía teórica” sino que habrá de entenderse que en la educación como proceso, se da una verdadera relación entre teoría y práctica. (Hoyos, 2007, p.13).

Tales planteamientos sostenidos con anterioridad a la publicación del texto en cita, fueron sostenidos por Hoyos, como él mismo lo afirma,

“Esa tesis la sustenté partiendo del Tratado de pedagogía de Kant, pasando a la fenomenología de Edmund Husserl y a los planteamientos de la Teoría Crítica de la Sociedad o Escuela de Frankfurt, para proponer la posibilidad de desarrollar, a partir de la teoría del actuar comunicacional de Jürgen Habermas una teoría discursiva de la pedagogía” (Hoyos, 2007, p.13).

La propuesta de entonces se trae a consideraciones mayores cuando se enlaza la comunicación con la pedagogía y a esta con la ciudadanía y todo este discurso se trenza con la construcción y práctica de la democracia. En este decurso el profesor Hoyos advierte la necesidad de replantear la pregunta por la filosofía de la educación y por su significado a hoy, como un volver a las cosas mismas (Hoyos, 2007, p.14) para de esa forma lograr el contexto pertinente.

Para tal respuesta o mejor acercamiento a una posible se hace necesario entender que la idea de educación tiene su raigambre en un nuevo humanismo y que este habrá de permitir acercarse a la experiencia educativa a partir del “mundo de la vida y del sentido común” (Hoyos, 2007, p.14).

Suponen tales pasos, la recuperación del método fenomenológico, en la medida en que el mundo de la vida, el sentido común, la experiencia educativa son puntos de partida de un humanismo fenomenológico (Hoyos, 2007, p.14), esfuerzos estos que habrán de concluir en una propuesta teórico discursiva de la educación (Hoyos 2007) como educación humanista para la formación de ciudadanos, construcción de reconocimientos múltiples y espacios educativo dialogales intersubjetivos, como propuesta reemplazante de los principios de competitividad, por los de cooperación en la educación. (Hoyos, 2007, p.15).

La experiencia del maestro o, mejor aún, de los maestros, debe llevar a replantear la educación sobre la base de un nuevo humanismo, (Hoyos, 2007, p. 16)) una nueva forma de comprender y transformar la realidad, a partir de nuevos paradigmas en la educación, uno de los cuales habrá de ser la vuelta sobre la condición humana, es decir, la educación deberá asirse para su desarrollo a los seres humanos, ya no como destinatarios de saberes omnímodos, sino como referente central de su ejercicio.

La experiencia del maestro adquiere entonces, en la dirección de la filosofía de la educación, el sentido expuesto por John Dewey y citado por Hoyos de: “introducir un nuevo orden de concepciones, que lleven a nuevos modos de acción” (Hoyos, 2007, p.16).

Lo anterior es claro si tenemos en cuenta el sentido de la experiencia como el mundo que se nos da, como relación inmediata con las cosas, con el mundo de la vida, con la realidad. El mundo se nos da solo a partir de esa relación experiencial antes de cualquier interpretación teórica que direccione o pretenda hacerlo en uno u otro sentido que deviene ideológico.. La educación debe ser dirigida a la formación del ser humano, antes de toda consideración teórica, en comunidad. (Hoyos, 2007, p.17).

La pugna se da entonces entre la construcción de un humanismo base de la educación o de una educación neo humanista que mas allá de cualquier orientación ideológica, “tradicionalismo o progresismo, cristianismo, marxismo o existencialismo” (Hoyos, 2007, p.17) construya sobre la base del actuar comunicacional intersubjetivo el punto de ebullición de la función educadora.

Próxima edición, 14 de diciembre: Educación y ciudadanía

Referencias Bibliográficas

AÑÓN, María José. Igualdad, diferencias y desigualdades. México. D.F., Distribuciones Fontara, 2001.

ARIAS LONDOÑO, Melba. Derechos humanos de la mujer, del niño y del adolescente. Santafé de Bogotá, 1996.

HOYOS VÁSQUEZ, Guillermo. SERNA ARANGO, Julián. GUTIÉRREZ RUIZ, Elio Fabio. Borradores para una filosofía de la educación. Bogotá, D.C., Siglo del Hombre Editores, 2007.

HOYOS VÁSQUEZ, Guillermo. Las ciencias necesitan de las humanidades y las artes. Innovación y Ciencia. Asociación Colombiana para el Avance de la Ciencia, Vól. XVII, No 3. Bogotá, D.C., 2010.

LACLAU, E. y MOUFFE, Ch. Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radicalización de la democracia. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2006.

RUIZ PATIÑO, Jorge. La política del Sport. Élites y deporte en la construcción 11

de la nación colombiana. 1903 – 1925. Bogotá, D.C., PUJ, La Carreta Editores, 2010.

GAVIRIA, Carlos. Sentencia de Constitucionalidad 022/96. Corte Constitucional Colombiana. Constitución Política de Colombia. Bogotá, D.C., Legis, 1996.

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