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Filosofía. Los valores Olímpicos, desde la pedagogía del deporte como ultimum potentiae

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«Enseñar no es transferir el conocimiento sino crear las posibilidades para su propia posibilidad o construcción»: Paulo Freire.

Por María Camila Martínez

Practicante Academia Olímpica Colombiana

El movimiento Olímpico actual identifica y expone tres valores que definen la filosofía de vida que contiene el Olimpismo: amistad, respeto y excelencia; estos se dieron a conocer primeramente en los certámenes atléticos y en la gimnástica educativa de la Grecia clásica, a partir de los relatos heroicos que Homero plasmó en los agones de La Iliada y de La Odisea. Desde allí, cada uno de ellos carga junto con su nombre más que un significado… un trofeo, pues todo aquel que se convirtiera en su  poseedor era un héroe, que merecía cruzar las puertas del Olimpo y que los mismos dioses Zeus, Hera, Apolo, y Perséfone, entre otros;  validarían su valentía, al separarse de actitudes banales que no le permitían la libertad cimentada en la ética y en el buen actuar.

Foto: Al Navío.

Como lo refleja la Grecia antigua, el agasajo del Olimpo correspondía solo a aquellos que por medio de la práctica deportiva pudieran liberar su corazón y su alma del más impuro sentir; la competencia era el  medio por el cual el hombre realizaba  una metamorfosis que no solo le enseñaba estrategias físicas para su mayor rendimiento, sino que fortalecía su corazón, alma y espíritu para enfrentar al rival y a sí mismo, y entraba  en un estado de plenitud, que le permitía hacer un cambio en su actuar, de forma  permanente.

Con el paso del tiempo, y tras esta filosofía mitológica, ha sido posible transmitir esos valores y virtudes de los relatos antiguos a la sociedad contemporánea, como lo reflejan los hechos históricos en las sociedades griegas y romanas, con eruditos medievales y la misma ilustración, épocas en las que, desde el carácter de los agones y la disposición “deportiva” se establece una clara intencionalidad educativa, en la que se pretende actuar fuera del campo o escenario de juego, bajo el autocontrol, la aceptación y disposición para seguir reglas, el sentimiento de ayuda, el trabajo en equipo y el ambiente armónico, sin importar cual fuere el resultado. En resumen: la amistad, el respeto y la excelencia.

Es claro que la educación en valores es el cimiento del progreso de la sociedad; cuando el profesional desarrolla sus estrategias y métodos de enseñanza no sólo educa a un individuo, sino que, además, contribuye al desarrollo de la sociedad. Hoy en día existen un sin número de opciones para que la población infantojuvenil comprenda con sentido de pertenencia, las virtudes que debería tener un ser humano para cumplir con sus diferentes roles sociales a lo largo de la vida. Sin embargo, la práctica deportiva es considerada uno de los más efectivos métodos generar el sentido de pertenencia y reflexión en el proceso de maduración del niño o adolescente, pues al reconocer esa experiencia en una situación real, en la que se enfrenta a un problema, y su única opción es recurrir al abanico de hábitos de respuesta que tiene en su memoria se hace necesario, casi obligatorio reaprender esos conocimientos que ya estaban implantados en su subconsciente. A esta teoría se le conoce como Aprendizaje Experiencial y se define como «el proceso mediante el cual el conocimiento se crea a través de la transformación de la experiencia » (Kolb, 1984) La filosofía de este modelo de pedagogía tiene como prioridad  todo tipo de aprendizaje del niño. De esta forma se busca desarrollar la personalidad con dimensiones holísticas.

Como entrenadores y académicos relacionados con la práctica deportiva debemos tener como aliada la pedagogía experimental que nos proponen Maria Montessori, Dewey, Decroly, Célestin Freinet  y Pestalozzi, para inculcar en los niños y en los  futuros deportistas el espíritu olímpico, en el que las buenas practicas sean la base del constructo humano y también de una sociedad fructífera, basada en la excelencia, el amor y el respeto, como lo dice el Comité Olímpico Internacional, a todos los deportistas de alto rendimiento que representan un país, quienes con disciplina lograron la materialización del sueño olímpico

El respeto de los valores olímpicos se representa en escenas como esta: en Londres 2012, el tailandés Pen-Ek Karaket reconoce a su rival, el colombiano Oscar Muñoz, como ganador del bronce, en el taekwondo, luego que los jueces revirtieran el favor en su favor.

“Representáis los tres valores del Movimiento Olímpico, la excelencia, la amistad y el respeto. Mostrad a los niños del mundo, que os seguirán en televisión, que ganar es importante, pero que participar es lo que cuenta. La excelencia significa compartir vuestra pasión con ellos libremente y mostrarles cómo se comportan los hombres y mujeres con honor y coraje” (COI, 2008).        

En  este proceso seremos coparticipes de la construcción de los ciudadanos del mañana, por medio de sus propias observaciones, reflexiones, formación y comprobación de las situaciones que la práctica deportiva trae consigo. Será posible para el niño y para el joven ampliar y rectificar lo que sabe, respecto a cómo los valores Olímpicos serán su mano derecha en el campo, en el escenario de juego y en su vida.

Sin dudarlo, la educación es un pilar fundamental en el desarrollo y crecimiento físico y mental (de forma mucho más marcada), cuando estamos en etapas o estadios sensibles para el aprendizaje. Por esta razón es necesario recordar que no podemos olvidar la pedagogía en la práctica deportiva, pues, si bien es cierto esta nos brinda por si sola experiencias que alimentarán la vida del niño en lo que a valores respecta y si esta  se acompaña de las propuestas de enseñanza metodológicas de los pedagogos ya mencionados rendirá frutos de forma contundente. Como lo decían y practicaban  los griegos,  los valores y virtudes deben presidir la escuela y la práctica deportiva, pues estas dos serán herramientas útiles para la vida pública y privada.

“La ética no es sino el cumplimiento del fin del hombre’’.

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