Skip to content

Filosofía. Fugaz instante de la existencia

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin

Resumen.

Puede afirmarse que la esgrima es en sí un gran escenario en el cual cada personaje representa a cabalidad el papel que le ha correspondido, pero es de anotar que todos ellos están inscritos en un sistema que opera con una simbología expresa y determinante que atrapa desde sus inicios al principiante llevándole a entender las exigencias de un mundo que tiene sus propios referentes y que frente a extraños resulta ser de naturaleza esquiva.

Foto: As.

Fabio Alfredo Navarro Pasquali

Filósofo de la Universidad Nacional, Abogado de la Universidad Libre de Colombia, Especialista en Filosofía del Derecho y Teoría Jurídica de la Universidad Libre, Magíster en Historia de la Pontificia Universidad Javeriana. Ha elaborado escritos y artículos como: Descartes y la Historia del Escepticismo; Deuda Externa Latinoamericana y Un Nuevo Orden Económico; Aproximación al sistema judicial 1823-1830. Continuidades y Rupturas; Corte Suprema de Justicia en la República liberal. Una Corte de Oro, entre otros.

Palabras clave. 

Esgrima, frase de armas, sable, florete, espada, en guardia, fondo, touche.

Introducción.

Ese gran sistema puede subdividirse en niveles que parten, porque no, del mundo fantástico del niño o la niña que se acercan a la esgrima motivados por gestas y batallas de héroes legendarios o mítico – legendarios que conquistaron a espada o sable en mano lejanas tierras o las profundidades del espacio en naves interplanetarias. Surgirá entonces la imperiosa necesidad de comprender y manejar la extensa red de signos y señales, significados y significantes como los utilizados por competidores de alto nivel en su preparación técnico – táctica y respondiendo al menor gesto del entrenador a velocidades cambiantes lo que de él se espera. 

Es necesario señalar que el esgrimista no sólo debe estar en capacidad de reconocer ese complejo sistema de signos y señales cuando provienen de su entrenador, sino que en gran medida el éxito de su gestión estará determinado por la capacidad de interpretar y reconocer para en consecuencia adelantar sus reacciones en frente de los argumentos de su adversario en el justo momento de competencia.

Como cualquier recién nacido debe aprender a caminar y no de cualquier manera, sino atendiendo a un ritual básico que implica perfilarse en debida forma para evitar comprometer una mayor superficie de su cuerpo en combate. En ese mismo sentido sus desplazamientos, deben en lo posible, ser simétricos para un mejor manejo de las distancias, postura de los pies en una determinada angulación. En general un gran conjunto de sutilezas que permiten un posicionamiento dinámico para el juego.

Los niveles de conocimiento continúan aumentando hasta llegar a la exigencia misma de las armas y la mayor o menor posibilidad del deportista con respecto a cada una de ellas, determinando su real vocación, habilidad y predilección. En ese punto comienza todo un proceso dirigido única y exclusivamente a comprender e internalizar las convenciones que regulan el ejercicio de cada una, en otras palabras, aprender a manejar el contexto situacional del juego según las diversas acciones propiciadas por el adversario o por él mismo.     

Un toque de distinción.

Un fin de semana cualquiera, cuando el día apenas comienza y el común de las personas bosteza aún entre sus sábanas, desde el fondo de una sala de esgrima se escucha un rugido mezcla de alegría y desahogo. Es entonces cuando se comprende que una ilusión cayo abatida en tanto otra siguió avante el trasegar de las pistas. Eso es así porque alguien no alcanzó a descifrar la lucidez del adversario que en un instante transformó la ausencia de la acción en vertiginosa y mortal flecha que cruzando los espacios voló hasta llegar al objetivo distante y el resultado “tocado” sin apelación. Touche objetivo inmediato de quien práctica la esgrima.

A diario en distintas salas de esgrima se observa a jóvenes deportistas intercambiando información con entrenadores que trasmiten tácticas, estrategias y movimientos que los lleva a perfeccionar las acciones precisas en el momento indicado para   obtener el punto necesario que consolide la victoria.

Touche o toque, se dijo en alguna oportunidad, “es una dialéctica letal que señala con su ejecución insondables caminos a recorrer y todo ello en un claro – oscuro fugaz de la existencia.” (F. Navarro) Y ello es así porque la diferencia está en saber efectuar el toque en el instante claro y distinto que el oponente permite.  

De alguna forma se recuerda al filósofo francés Rene Descartes quien escribió un tratado de esgrima y se batió en mortal combate de espada con marineros que pretendían asaltarlo. Claridad y distinción como elementos fundamentales en el pensamiento y quehacer de este filósofo para establecer la verdad, la evidencia y por supuesto la reconfiguración del saber a partir de la certeza que de ese proceso se desprende. (cartesiana, 1996) 

Caminos y confluencias.

Ambas opciones son caminos que se transitan acordes con el desarrollo de los acontecimientos, cada una de ellas llevando a distinto destino el paso de la oscuridad a la luz, está determinado por la obturación de un interruptor o botón en espada y florete o el resplandeciente vuelo del sable veloz que intercepta el paso del oponente y sus intenciones. 

A simple vista de profano no implica mayor interpretación, pero en espada y florete habrá necesidad de obturar el botón instalado en sus puntas muchas veces contra distintos adversarios para marcar la diferencia. En sable, el mágico instante en el que el oponente no lo sabe, pero la luz que se enciende y las voces victoriosas enseñan la verdad inapelable, “tocado”.  Al final el escenario se apaga y los protagonistas se pierdan por intrincadas callejuelas sintiéndose llevados en mágicos carruajes en compañía de míticos dioses del lejano olimpo.

Dos argumentos encontrados puestos en escena es en últimas, la esencia de un combate de esgrima, pero no significa que la derrota de uno de ellos se constituya en la caída definitiva del vencido pues las condiciones para su existencia no dependen de un triunfo, sino de la viabilidad de su ejecución en el tiempo. Simplemente no se dieron las condiciones para lograr imponer tal criterio, si para el vencedor, pero tampoco significa la plena vigencia de sus argumentos pues en alguna parte alguien configura en el tiempo y el espacio condiciones para revocarlo. 

Esperar, atacar, contraatacar, ir atrás o lanzarse en flecha son entre otras las razones de orden técnico que pueden asumirse para lograr dominar al adversario y dejar sin piso la teoría que sostiene su presencia en la pista, sin embargo, la esencia que nutre cualquier argumento expuesto en pista es la humildad del esgrimista que sabe que puede vencer más allá de cualquier lógica con la cual se le pretendan establecer limitaciones a la intuición que el tiempo transcurrido sobre pistas otorga.

Cada acción termina encasillada en lo que se ha denominado “frase de armas” que es deducida por observación directa del juez quien en últimas dice la ley, ejemplo sencillo de ello es la frase “ataque de la derecha contestación de la izquierda”, como es de entender el punto corresponde al tirador de la izquierda por cuanto de lo afirmado por el juez se colige que ese esgrimista paró el ataque y lo contestó.

Aparte de la verbalización de las acciones las actuaciones del juez deben ir acompañadas de una serie de señales que produce con sus brazos y manos haciendo evidente a terceros lejanos lo que está aconteciendo, todo ese procedimiento es necesario por cuanto la ulterior señalización proveniente de las máquinas puede llevar a error de interpretación por parte de los observadores por ejemplo, si las dos luces señalizadoras prenden simultáneamente. 

Una irreverente cortesía.

Puede afirmarse que en una acción de esgrima se presenten dos y hasta tres niveles de interpretación que van desde la acción propiamente deportiva a la decodificación por vía de palabra judicativa o del juez y la señalización de las acciones como fundamento de la decisión.

La irreverencia de cortar el viento, el pasmoso contraataque o el mágico salir tocando, todo ello en instantes, sin que medien palabras, buscando el toque o el punto decisivo aquel que lleva la brisa de alivio. Antes que la palabra germine, el gesto ha devenido acción como mil veces se entrenó con las sombras de la amada sala de esgrima, entonces un sable, florete o espada vuelan silenciosos hacia su destino y es ahí cuando una luz junto a una pista se abre camino para marcar la diferencia, todo ello en un instante, en un parpadeo.

Finalmente, poderoso, rugiente, bravo, destemplado, masculino, femenino interrumpido, temeroso, prolongado, corto, de una vocal o de varias, como lo quieran, de todas maneras, el grito, es un sello que caracteriza a quien lo emite y por el cual le reconocen, pero que también permite conocer el rumbo de un combate. 

Dicen quienes de esto saben que es mejor no gritar porque ello puede significar una afrenta al adversario vencido, una burla, mala educación, entre otras, de todas formas, el grito es mezcla de todas ellas, pero tiene su encanto sobre todo en una reñida final victorioso, cara a cara con el adversario, con todo el respeto que se merece.

Jean Baudrillard compara en su obra titulada De la Seducción a la mirada como arma aguda y centelleante en su movimiento tal cual el ataque en fondo en esgrima y manifiesta que es un instante indescriptible:

“El adversario apenas se da cuenta del golpe, está tocado, si, pero tocado en un sitio completamente distinto al que él creía.” (Baudrillard)  

Conclusión.

Es el instante de la máxima irreverencia porque no solamente el adversario no alcanza a advertir lo que ha sucedido, sino que el fondo o cualquier acción de esgrima que conlleve la satisfacción del toque lleva implícita la rebeldía que implica imponer el argumento que sustenta el ejecutante.

Lo planteado coloca al irreverente más allá de cualquier tipo de condiciones limitantes o conceptos emitidos que pretendiesen someterlo o porque no, inculcarle falsos respetos que le reducen su potencial competitivo. No se trata de pasar por encima de la realidad en cuanto al análisis de las condiciones objetivas que rodean cualquier competencia, por el contrario, entendidas todas ellas y tomadas las debidas precauciones, se debe mantener la irreverencia entendida como fe puesta en el propio entrenamiento. No crear ni creer en ídolos pues en caso de perder seguirán estando ahí como acicate de futuras rondas y si se les gana respetarles su historia.

Bibliografía

Cartesiana, N. d. (02 de Marzo de 1996). El país.com. Obtenido de https://elpais-com.cdn.ampproject.org/v/s/elpais.com/diario/1996/03/02/opinion/825721209_850215.html?amp_js_v=a6&amp_gsa=1&outputType=amp&usqp=mq331AQKKAFQArABIIACAw%3D%3D#aoh=16363063438610&referrer=https%3A%2F%2Fwww.google.com&amp_tf=De%20%251%24s&ampsh

Baudrillard, J. (s.f.). De la seducción.

Artículos DE LA REVISTA relacionados

PATROCINADORES