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El gran suceso Ubaldina: “Se hizo justicia con la medalla olímpica”

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Alejandro Munévar
Especial para la Revista Olímpica 

Hay personas que se demoran en encontrar la gloria, que tienen que recorrer muchísimos caminos para poder alcanzarla, otras que se la pueden encontrar a la vuelta de la esquina, pero al final es el camino recorrido lo que realmente vale la pena, porque la medalla, la victoria, la satisfacción son solamente las cerezas del pastel. 

Nuestro personaje es Ubaldina Valoyes, una luchadora de mil caminos, una de las mejores pesistas del mundo, la mejor de América durante varios años, la hija, la hermana, la niña que no quería alzar pesas, la misma que veía a su hoy amiga y compañera de trabajo, María Isabel Urrutia, convertirse en campeona olímpica, la de los sueños, la de la resiliencia, la del aguante y el empuje, la misma que ocho años después recibe una recompensa que anhelaba y esperaba: una medalla olímpica, la número 29 en la historia colombiana. 

Hoy, hablando desde la tranquilidad que le brinda el haber dado el paso hacía la dirección técnica hace un balance de lo que cree que fue su carrera, que estuvo llena de triunfos, satisfacciones, pero también de lágrimas, sacrificios y mucho aprendizaje. “Ha sido un largo recorrido: 26 años de carrera deportiva, con todos los logros que cualquier atleta quiere tener. Me siento una deportista halagada, consagrada, que, si me preguntan, conseguí todo lo que quise”, dice.

Pero para hablar de los triunfos y las victorias hay que hablar del pasado, de la construcción personal, del camino de la heroína, porque de un día para otro no se ganan las medallas y, mucho menos, se forja el carácter. 

Durante su vida, Ubaldina Valoyes venció gran cantidad de dificultades.

Huyendo de la violencia

Nacida en Quibdó, 6 de julio de 1982, Ubaldina fue criada en el Urabá a la fuerza, pues en medio de la violencia, su madre soltera, cabeza de hogar, tuvo que salir del Chocó como pudo, con sus hijos huyendo de la violencia, un flagelo que la siguió durante muchos años, porque en el Urabá antioqueño también la sufrieron en carne propia, eso sí, su madre los protegió y como podía, los cuidó e impulsó para salir adelante. “Mi mamá es una guerrera. Yo creo que eso se lo aprendí a ella: criar a sus hijos sola, adaptarse a un lugar que no era el suyo y sacarnos adelante. Me le quito el sombrero ella: es la heroína de todo esto, no yo.”

Su infancia fue difícil y estuvo marcada por la violencia, de la cual tuvieron que huir en un principio y luego adaptarse a vivir con ella o, más bien, esconderse de ella. “Hubo un momento en el que a uno de mis hermanos casi lo matan, porque se lo querían llevar para la guerrilla. Mi mamá tuvo que salir a media noche corriendo con él, para mandarlo hacia el Chocó. Me tocaron momentos en los cuales llegaban a matar a la gente y uno se tenía que esconder. Mi mamá se montaba encima de sus hijos, para cubrirnos, así a nosotros no nos pasaba nada, pero ella arriesgaba su vida. Todo eso me ayudó a mí a ser mejor persona”. 

Se podría pensar que el hecho de crecer en un ambiente, en un entorno tan complejo, podría sacarla del camino “correcto”. Pero Ubaldina se mantuvo por el sendero del bien. “No significa que si yo vengo de un lugar de guerra, yo voy a hacer lo mismo. Vengo de un sitio que no era fácil, pero aprendí mejores cosas. Hoy en día, cuando veo a los muchachos que se guían por lo malo, me doy cuenta que eso es un tema mental personal. Está en nuestra mente no querer cambiar, decir ‘eso no es lo que yo quiero para mi vida’. Tuve una mamá que me inculcó que uno debía hacer las cosas bien”. 

Ubaldina fue criada en el seno de una familia humilde, trabajadora, afectada por una situación apretada, porque si había para el desayuno, no había para el almuerzo, o si había para almuerzo, no se cenaba. “No oculto de dónde vengo. Son precisamente mi origen, mis raíces los que me ayudaron a ser cada día mejor. Yo me siento orgullosa. Eso me hizo ser mejor persona, me enseñó a valorar cada cosa que hacía con esfuerzo. Mi mamá me inculcó eso: a trabajar para conseguir mis cosas, nunca a buscar lo fácil, porque lo fácil se va muy rápido”. 

Ubaldina pasó del atletismo al levantamiento de pesas.

Las pesas, una feliz casualidad 

Ubaldina era una niña a quien le encantaba jugar en la calle, con los amigos, era muy activa. En su panorama, la halterofilia no era precisamente una prioridad. De hecho, su carrera deportiva se inició en el atletismo. “Cuando uno nace para algo, pase lo que pasare, eso es lo de uno. Yo llegué por casualidad a las pesas. Era del atletismo, era lanzadora de bala, disco y martillo, pero el martillo no me gustaba, pues le tenía mucho miedo. Me decían que por mi estatura no iba a llegar a ser una gran lanzadora”.

Ha ocurrido que un técnico de un deporte se encuentre con un prospecto en otro deporte y logra cambiarle sus gustos. Recuerda: “Fuimos a un inter clubes de atletismo a Medellín. Había llegado ese año un cubano, Marcelino del Frade (una institución de las pesas a nivel panamericano), para empezar a construir una infraestructura de las pesas en Colombia. Un día iba pasando por la pista de atletismo y me vio, y dicen que afirmó: ‘esta es la pesista… no hay otra más’. Entonces buscó a mi entrenador, que era Ferney Romaña, y le dijo, sin decirme nada, que me mandara a pesas, que él quería hacer una prueba conmigo”.

Así ocurrió. El gran problema era que a Ubaldina las pesas no le gustaban. “A mi nunca me dijeron que me querían en pesas, porque no me gustaban. Me pidieron, entonces, en medio de un plan fraguado por el entrenador, que empezara a entrenar en pesas. Yo lloraba. Iba al gimnasio de malgenio, pero el profesor siempre me tenía un dulce y me decía: ‘para mi negrita, con la más linda sonrisa de diamantes’. Con eso me conquistó”. 

El levantamiento de pesas en Colombia era visto con antipatía, sobre todo cuando eran mujeres las que lo practicaban. Sin embargo, eso no fue un motivo para claudicar. Eso sí, a Ubaldina le costó un tiempo darse cuenta que estaba hecha para grandes cosas. “A mi el técnico me decía que yo podía ser campeona panamericana, mundial y medallista olímpica. Yo pensaba: ‘este profesor está loco. ¿De dónde iba a salir yo medallista?’ Yo entrenaba, pero no convencida. Lo hacía por cumplir. Pero cuando hice mi primera competencia, quedé de sexta y me dieron una medalla de consolación. Yo me emocioné, y ahí sí me convencí de las pesas”. 

Marcelino del Frade se fue de Colombia, al poco tiempo de haber convencido a Ubaldina de pasarse a las pesas. Ella, sin embargo, siguió entrenando y mejorando todos los días. Pero el destino la llevaría a encontrarse en un escenario muy particular, con el hombre que la convenció de hacer halterofilia. “Yo estaba participando en mi primera competencia internacional, en 2002, un panamericano en Guatemala. Marcelino estaba allí. Yo gané una medalla y él pidió que lo dejaran premiarme. Entonces, cuando me dio la medalla se acercó y me dijo: ‘¿ahora sí me crees todo lo que yo te decía? Respondí que sí y le agradecí por sus enseñanzas y su paciencia. Él agregó que ese era el primer paso de muchos más que iba a dar. Desde entonces mantengo contacto con él. Cuando voy a Cuba, lo visito. Si él no se hubiese cruzado por mi camino, Ubaldina se hubiera perdido como deportista, porque sabía que en el atletismo no iba a llegar muy lejos”. 

En Londres 2012 finalizó sexta, pero gracias a su juego limpio, hoy es tercera.

La altura es lo de menos

Era raro encontrar pesistas en Colombia de gran estatura. En el caso de Ubaldina, la estatura fue lo de menos, porque ella mide apenas 1.59 m. de estatura. Pero su altura nunca fue un problema para levantar el peso que fuere necesario, inclusive, para ponerse sobre los hombros el peso de un país entero. “Yo creo que lo que me hacía levantar todo el peso eran las ganas, las ganas de superarme, de querer ser la mejor, de ser la número uno. Yo entrenaba demasiado. Me decían que era incansable. Era la primera que llegaba al gimnasio y la última en irse. Si tenía que entrenar el domingo lo hacía. Nunca me quejé de los entrenamientos, así por dentro me estuviera reventando. Siempre tuve una meta y un propósito claros. No podía fallar. Tenía en mi cabeza la idea que cuando me subía a la plataforma, no sólo era yo quien lo hacía, sino un país entero que se levantaba conmigo, un país que siempre me apoyó y que me quería ver triunfar”. 

Esa forma de ser, el hambre de gloria, las ganas de salir adelante eran algo natural en ella, pues desde pequeña su madre se lo inculcó. “Esta fue la enseñanza de mamá: hacer las cosas bien, como debían hacerse. Y no era sólo un compromiso por ser selección Colombia. Era cuestión de ser la mejor y de mantenerse. Ubaldina se fue de la alta competencia, por la puerta grande por lo conseguido”

Lista para ser medallista olímpica

Durante muchos años, Ubaldina Valoyes fue la número uno de América, porque ganó oros en los juegos Suramericanos, Centroamericanos y del Caribe y Panamericanos. Nadie le ganaba. “Cuando llegaba a los torneos del área escuchaba: ‘ahhhh, no hay nada que hacer con Ubaldina …Era muy respetada”. 

Hasta los Juegos Olímpicos Londres 2012 llegó como campeona Panamericana, en la categoría de los 69 kilogramos, es decir, como la número uno del continente americano. Decidió cambiarse de 75 a 69 kilogramos. “Tomé la decisión de cambiar de categoría, y no me quisieron apoyar. Entonces entrené casi sola y estudié en ese año 2012 hasta graduarme. Me preparé para Londres 2012 con mucha dedicación y disciplina, y pensando en retirarme en lo más alto, en el podio. Tenía claro cuál era mi meta para retirarme, porque pensé que ya me había llegado la hora de ser medallista olímpica y de partir de las pesas. Viajé con la seguridad que me traería una medalla. 

Pero el destino puso a la mejor de este lado del mundo a ser sexta en los Juegos Olímpicos Londres 2012. “Este resultado me causó gran frustración. No entendía qué me había pasado, porque había hecho bien el trabajo, pero los resultados no habían sido los esperados.

Sin embargo, “no hay mentira que aguante toda la vida. La justicia, el deporte y la vida misma se encargarían de premiar a Ubaldina con su anhelada medalla. “Este año me dieron una gran noticia. La verdad es que me agarró de sorpresa, porque pasaron ocho años, para que me dijeran que era medallista olímpica y que había coronado el sueño que me acompañó toda la vida”. 

Después del retiro de la alta competencia, Ubaldina cumple otro de sus sueños: ser entrenadora, para ayudar a la formación de las nuevas generaciones. Hoy es entrenadora de la selección Bogotá de pesas y comparte tareas con su referente, la medallista olímpica de oro, María Isabel Urrutia. “Ella fue mi ejemplo a seguir. Ella me preparó para mis primeros Juegos Panamericanos. Esa medalla olímpica es de ella. Entre las dos hemos sabido sacar adelante a una generación brillante de pesistas que compiten por Bogotá. Inclusive, uno de ellos, Santiago Rodallegas, tiene cupo para los Olímpicos. “Hoy, más convencida que nunca, lo puedo decir: Santiago va a ser medallista, y espero no equivocarme, porque en las competencias cualquier cosa puede pasar, pero confió en Santiago, en Francisco Mosquera, en Javier Mosquera, van a ser cartas fundamentales en Tokio”. 

Su sonrisa ha sido siempre, una de sus grandes características.

La importancia de las pesas en Colombia

Cerremos esta semblanza con algunas ideas de Ubaldina sobre las pesas colombianas. Cree que es un deporte que le ha dado muchísimas alegrías al país, representadas en títulos y medallas. “Los pesistas, sin demeritar a los demás deportistas, tenemos una convicción: decimos que somos los mejores del mundo, que la única forma en que nos pueden ganar es haciéndonos juego sucio. Somos los mejores y, como tales, nos preparamos. Somos un equipo, a pesar de competir individualmente, porque somos unidos, una familia. Podemos tener diferencias, claro, pero cuando es la hora de representar al país, somos uno solo, nos hacemos barra, nos acompañamos, esa es la clave. Somos los número uno y lo seguiremos siendo. Creo que en Tokio va a haber muchas sorpresas. Confió en mis compañeros, que la van a dar toda”. 

Palmarés de Ubaldina Valoyes:

Ubaldina Valoyes es la atleta colombiana más ganadora en la historia de las participaciones nacionales en certámenes múltiples.

Este es su registro:

Juegos Olímpicos: medalla de bronce en Londres 2012 (69 kilogramos).

Juegos Panamericanos: oros en Santo Domingo 2003 (63 kg.), Río 2007 (75 kg.), Guadalajara 2001 (75 kg.) y Toronto 2015 (75 kg.).

Juegos Suramericanos: oros en Buenos Aires 2006, en arranque, envión y total (75 kg.).

Centroamericanos y el Caribe: oro en Cartagena 2006 (75 kg.) y en Mayagüez 2010 (75 kg.), tres oros, en arranque, envión y total. 

Ubaldina Valoyes, con el Ministro del Deporte, Ernesto Lucena.

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