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Editorial. A pesar de las dificultades, a Tokio… ¡vamos con todo!

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Por Ciro Solano Hurtado

Presidente Comité Olímpico Colombiano

Los Juegos Olímpicos Tokio 2020 serán los más atípicos de la historia, un poco similares a aquellos que realizó Amberes, Bélgica, en 1920, después de otra pandemia, la de la gripa española, que, en cambio de la actual, ya había sido controlada por completo, después de dos años de producir enfermedad y muerte en muchos países del mundo.

Los de Tokio 2020 serán mis octavos Juegos Olímpicos, luego de haber estado presente en Barcelona 1992 y Sidney 2000, como delegado del atletismo; en Atlanta 1996, como espectador, (Juegos en los cuales Colombia no obtuvo ninguna medalla, lo que al regreso me motivó a pensar, con otros dirigentes de federaciones y del COC, en ayudar a buscar mecanismos para que nuestro deporte creciera, y en Atenas 2004, Beijing 2008, Londres 2012 y Río 2016, como jefe de Misión de nuestras delegaciones, en una época de extraordinario crecimiento, que nos llevó a conquistar 22 de las 29 medallas obtenidas en nuestras participaciones, desde 1936, es decir, el 75.8 por ciento del total.

A pesar de la propia pandemia, de la angustia, de los sufrimientos, del miedo, del aislamiento, de las limitaciones en la preparación y en la clasificación y de la aún  reinante incertidumbre estaremos en Tokio con el mismo entusiasmo de siempre, aquel que demuestran nuestros atletas cuando saltan a sus arenas deportivas, porque si hay algo que debemos resaltar en estos jóvenes, que son los mejores embajadores de Colombia en el mundo, es el profesionalismo, con el que encaran su trabajo y luchan por sus metas.

Es cierto, la pandemia afectó a todos los atletas del mundo que estarán presentes en Tokio, y no solamente a los colombianos, pero existen unas diferencias de tiempo en favor de aquellos que viven, entrenan y compiten en países desarrollados, que normalizaron sus actividades y regresaron a sus competencias, antes que los nuestros, porque lograron controlar el virus primero, mientras países como los latinoamericanos han sufrido durante más tiempo sus propios dramas. Esto explica por qué para Río 2016 clasificaron por Colombia 148 atletas, mientras que para Tokio lo hicieron menos del 50 por ciento de ese gran total.

Dejemos estas lastimeras explicaciones a un lado, porque con o sin pandemia y sus limitaciones, nuestros atletas llegarán a Tokio bien preparados, entusiasmados, como ha sido su tónica de los últimos años, y con los mismos objetivos de buscar la gloria, en el máximo escenario del deporte mundial. Además, en ese reducido grupo estarán los mismos aspirantes a medallas que formaron parte de aquella nutrida delegación presente en territorio brasileño, a excepción de Yuri Alvear, que se retiró por lesión y de Oscar Figueroa, que abandonó la actividad.

Y ese equipo que desfilará, el próximo 23 de julio, en la inauguración de los Juegos, encabezado por nuestra abanderada, la consagrada Caterine Ibargüen, podrá afrontar sus participaciones con una acertada planificación, una adecuada preparación, un esmerado acompañamiento y  los mejores estímulos económicos brindados por el gobierno nacional, que se ha concientizado de la necesidad de aportarle recursos al deporte formativo y de altos logros, bajo el entendido de estar invirtiendo en el patrimonio social de nuestra juventud.

Pero si el gobierno de Colombia es consciente de la importancia del deporte en la formación de mejores ciudadanos, también lo son los alcaldes y gobernadores, que a través de sus entes municipales, departamentales y distritales han aportado recursos y esfuerzos en el descubrimiento de talentos y en su formación para la alta competencia, dentro de esa cadena de valor que comienza en la barriada y finaliza en un podio internacional. Igual gratitud merecen empresa privada que han invertido en los últimos años en los atletas, como parte de su responsabilidad social, pero también, porque han percibido que esos singulares modelos son dignos de la mayor credibilidad, lo que les representa un productivo ejercicio en el mercado de la oferta y la demanda.

Todos estos factores le garantizan a nuestro deporte seguir avanzando de manera sólida y, lo más importante, dentro de una dinámica frecuente y progresiva, que de mantenerse seguirá su crecimiento constante e incontenible.

¡A Tokio vamos con todo y esperamos regresar triunfadores!

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