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DEPORTE Y PAZ: El espíritu olímpico y la cultura de la paz

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General Manuel José Bonett Locarno (q.e.p.d.)
Academia Olímpica Colombiana
Artículo inédito.

El espíritu olímpico siempre ha sido sinónimo de paz, ya que las personas y las organizaciones que se dedican a estas actividades del cuerpo, la mente y el espíritu, no podrían desarrollar sus proyectos e ilusiones, si no están en un ambiente que les garantice la tranquilidad y el estado psicológico necesario para el exigente esfuerzo atlético. La paz era necesaria para la actividad olímpica y por eso en la antigua Olimpia, en el año 776 AC, se reunieron tres grandes gobernantes de la época, Licurgo de Esparta, Clistenes de Pisa e Ifitos de Elea, con el fin de acordar una tregua que permitiese la realización de los Juegos Olímpicos. Hubo necesidad de negociar esta tregua, porque en las competencias antiguas existía una gran rivalidad entre las ciudades del Peloponeso por el control del Santuario de Olimpia. Este santuario era un lugar de mucho movimiento y objeto de intenso culto para el dios Zeus, y de esta manera reunía inmensos recursos por que la aristocracia de todo el mundo helénico que participaba en los Juegos llevaba ofrendas en metálico y en objetos preciosos con destino al Dios Supremo, con el fin de lograr sus favores en las duras competencias en las cuales iban a participar. Antes de la reglamentación, en el año 776, hubo innumerables confrontaciones y guerras civiles por el control del santuario y, por esta razón, el liderazgo de la época pensó con justa razón que era necesario alcanzar un acuerdo entre las ciudades vecinas, para que los juegos se desarrollaran en un ambiente de convivencia y tranquilidad

Los pueblos helénicos antiguos eran muy belicosos y permanentemente luchaban entre sí, porque en esa época no existía un espíritu nacional unificador, sino ciudades independientes que rivalizaban permanentemente no solo por las cosas normales de la geopolítica, sino también por la primacía en los Juegos Olímpicos cuyas coronas de olivo eran el honor más grande que un hombre podía conseguir. Se dice que los triunfos en la guerra no eran tan apreciados como las victorias en los Juegos.

Las situaciones de conflicto interno permanente solo las pueden solucionar los grandes estadistas. Por eso fue que en el año 776 A.C se reunieron los tres gobernantes antes citados y acordaron que durante la realización de las competencias nadie podía portar armas en un perímetro aproximado de unos 50 kilómetros alrededor de Olimpia. Los reyes, príncipes, tiranos y gobernantes en general, no podían llegar armados y sus escoltas y guardias de honor tenían que dejar las armas, en los puestos de control debidamente establecidos.

Estas tres razones; el inmenso prestigio de los Juegos, los grandes recursos que tenía el santuario de Olimpia, así como la ya citada rivalidad entre las ciudades hicieron que esos pueblos mantuvieran una permanente fricción, no solo deportiva sino también política y, por lo tanto, bélica.

El solo hecho de haber acordado la tregua los grandes estadistas del mundo Helénico, significó un desarrollo notable, no solo para las competencias atléticas, sino para la religión y las artes. Los poetas, los cantores, los escultores, los escritores y demás artistas e intelectuales, en general, fueron requeridos al final de cada competencia, para inmortalizar las hazañas de los representantes de las ciudades estado. El comercio creció y lo mismo las comunicaciones entre las distintas regiones, incluyendo zonas tan alejadas como la Jonia, hoy Turquía, y el área del Mar Negro. No fue menos importante el desarrollo de la religión de la nación Helénica por que haber liberado a Olimpia de las fricciones de la guerra, aumento el número de peregrinos y lógicamente incremento los recursos del santuario.

En resumen, la actividad atlética propiamente dicha, lo religioso, lo político, lo artístico, el comercio, y las comunicaciones en general tuvieron un gran avance, gracias a la firma de la tregua olímpica. Este hecho debiera servir de ejemplo a muchos países, incluyendo al nuestro, para que vean cuáles son los beneficios de la paz.

Los pueblos helénicos luchaban con frecuencia entre sí pero no durante la realización de los Juegos Olímpicos. El caso más notable es el de la guerra del Peloponeso entre Esparta y Atenas que envolvió a todo mundo conocido para la época más o menos entre el año 430 y el año 400 AC pero la tregua olímpica siempre se respetaba y las ciudades estado afectadas por la guerra que eran todas, cuando llegaban los heraldos para anunciar el comienzo de las competencias, preparaban y enviaban sus delegaciones y concedían los salvoconductos correspondientes encumplimiento del compromiso adquirido muchos siglos antes.

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