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Crónica. Un argentino en los comienzos de los Juegos Olímpicos

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Por Pedro Hernández de Alba Pavia

Filósofo de la Universidad Javeriana y Voluntario de la Academia Olímpica Colombiana

Siempre que jugaba la selección argentina de fútbol, yo quería que perdiera. El estilo sobrador para celebrar sus victorias, combinado con los famosos conceptos surgidos en las canchas argentinas tales como: el canchero, el barra,  el aguante o D10S contribuyeron a que muchos pensaran parecido a mí. Debo confesar, que después de disfrutar durante toda mi vida con las derrotas argentinas en las finales, me alegré enormemente cuando vi a Lionel Messi levantar la Copa América. Ver a una leyenda del deporte mundial celebrar y jugar con esa energía juvenil tan propia del espíritu coubertaniano, me llevó de vuelta a un gran texto del filósofo del deporte César R. Torres.

Desde muy niño, la cultura del deporte argentino empezó a invadir mi cabeza, los nacientes canales deportivos en español se encargaron de ser el medio más efectivo para implantar en mí un amor al deporte que con el tiempo sólo ha ido en aumento. Aprendí a enamorarme del deporte con acento argentino y consolidé mi relación con él gracias al Olimpismo.

Hace cinco años, justo después de los Juegos Olímpicos de Río 2016 se llevó a cabo en la ciudad de Bogotá el XVII Congreso Panibérico de Academias Olímpicas. Para ese tiempo estaba empezando mi tesis de pregrado de filosofía en la Universidad Javeriana, el tema era: la filosofía de los Juegos Olímpicos. Pues tuve mucha suerte ese primero de octubre. El académico español Conrado Durantez empezó el certamen explicando la etimología castellana de la palabra deporte. Citando a su compatriota el filósofo José Ortega y Gasset sentenció: Deporte es “estar de portu” (Ortega y Gasset, Obras Completas, Tomo 6, Alianza,1998, 429). La palabra viene de la lengua gremial de los marineros mediterráneos, era utilizada para referirse a los juegos de destreza y fuerza que sucedían en el puerto después del trabajo en el mar. En el almuerzo hablando con el académico mexicano Carlos Hernández aprendí que Platón no era el nombre del famoso filósofo griego, sino que era su apodo de luchador. Al final del Congreso tuve la suerte de coincidir con el académico colombiano Carlos Villegas, le dije que yo quería ser un filósofo del deporte, él me dijo que él conocía a uno. Me habló del argentino César R. Torres, un filósofo y educador físico argentino que se ha dedicado a estudiar la filosofía y la historia del deporte.

José Benjamín Zubiaur.

Al ver la obra de Torres, el primer paper que me llamó la atención fue Philosophy of Sport in Latin America. El texto explora la evolución del análisis filosófico del deporte en la región desde el siglo XIX hasta el presente. La primera sorpresa que me llevé fue que un educador argentino llamado José B. Zubiaur (1856-1921), estuvo presente en el Congreso Internacional para la Propagación de los Ejercicios Físicos celebrado en París en 1889 y que ahí tuvo la suerte de coincidir con el Barón Pierre de Coubertain. La segunda sorpresa fue mayor, aunque nunca podremos saber de qué hablaron estas dos mentes maestras del deporte moderno; es evidente el aire coubertaniano en la filosofía del deporte de Zubiaur. Estaba convencido que el deporte debía ser masificado a través de la educación física en los colegios para construir una nación más saludable y vigorosa en busca del progreso y defendía la idea de que el deporte enseña los valores necesarios para construir una ciudadanía responsable.

Ahora, con casi treinta años y con todos esos conceptos estudiados en la cabeza, intentaba solucionar el siguiente dilema moral planteado a modo de pregunta por varios amigos: ¿Pedro, usted que es arquero y filósofo, qué opina de la actuación del Dibu Martinez en los penaltis de Colombia contra Argentina en la Copa América?

Selección argentina de fútbol, campeona olímpica. en Atenas 2004.

La verdad opino que yo también he sido canchero en unos penaltis o cuando el partido está caliente y falta poco para terminar. He jugado a nivel competitivo recreativo golf, tenis, velerismo, voleibol y ciclismo, pero ninguno ha despertado la emociones que el fútbol despierta en mí. Mi primer ídolo fue Oscar Córdoba, verlo tapando los penaltis en las finales de la Copa Libertadores con Boca son imágenes que llenan mis primeros recuerdos de gestas deportivas. Argentina siempre fue el norte deportivo, soy de la generación que vio el oro Olímpico de la generación dorada en Atenas 2004, vi el ocaso del D10S y el surgimiento de uno nuevo que empezó su carrera con la gloria divina de Olimpia, reina de la verdad. Tanta belleza no justifica ser grosero y buscar ventajas deportivas en el insulto (ser canchero), o en el aguante (hacer barras insultando e intimidando al otro equipo), ser barra (vincularse ontológicamente con un equipo de fútbol y encontrar en los hinchas de otros equipos un enemigo existencial) o creer que sus jugadores de fútbol son dioses y por eso  exculparlos de los más aberrantes pecados. Lo que sí reivindica lo argentino en el deporte es el infinito amor que le tienen a la camiseta, el avanzado desarrollo de sus clubes deportivos asociados y esas barras tan hermosas que todos los latinos nos copiamos 

Vamos vamos

Argentina

Vamos vamos a ganar

Que esta banda

Kilombera

No te deja, no te deja

De alentar

Sin lugar a dudas, los argentinos nos enseñaron a alentar y a alimentar los sentimientos de nación con el deporte. Por eso, no creo que sea una coincidencia que un argentino estuviera en los principios del Olimpismo Moderno…

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