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Columna joven. El Olimpismo como catarsis

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Por María Camila Martínez Cajamarca

Estudiante de la Universidad de Ciencias Aplicadas y Ambientales, UDCA, y auxiliar de la Academia Olímpica Colombiana

Hoy, el término Olimpismo asemeja la realidad del hombre, no solamente por su condición de deportista, pues como expuso Pierre de Coubertin, el Olimpismo es una filosofía de vida, que expone los valores del hombre como ser individual, que busca la excelencia, es decir, un estado de “Kalokagathia” (Estado de plenitud que equilibra entre lo bello y lo bueno). Esto se ve reflejado en los Juegos Olímpicos, en el respeto entre naciones y entre sus deportistas, como se describe en la Grecia antigua.

El Olimpismo fue estructurando su significado hasta abarcar al hombre como ser espiritual, mental y físico, intentando alcanzar la plenitud para llegar a una purificación del alma por medio de los valores y de todo aspecto que describe lo bello del hombre, y cómo este lo expresa por medio de la competencia, la empatía y la compasión en la competitividad.

“Por amor de tu amor hago lo que hago”: San Agustín. El deportista como hombre libre, en búsqueda de sí mismo, ama lo que hace y representa, y será correspondido por cada aspecto que abarque el olimpismo. Es el atleta un devoto del amor al deporte; deja en claro, como toda historia de amor Griega, que el sacrifico siempre será necesario, pues es lo que cataloga a los héroes y estos aseguran su entrada al Olimpo. Solo aquellos que resisten este amor y todo lo que conlleva recibirán las recompensas.

Si tenemos en cuenta la coyuntura actual por la que atraviesa el mundo es necesario reconocer que el deporte y la actividad física tuvieron un alto en el camino, brillaron con luz propia en el túnel que presentó el destino, que parecía no tener salida. La sociedad comenzó a tener en cuenta la importancia del movimiento, en el momento en el que la esperanza de salir a la cotidianidad, al parecer, se había desmoronado por completo. El hombre comenzó a apasionarse por deportes que no entendía y a practicar disciplinas que nunca pensó contemplar, y de esta difícil situación resultaron fanáticos deportivos, niños y jóvenes deseando que el COVID 19 desapareciera, para inscribirse a clubes deportivos, y, por qué no, para llegar a competir en ligas a nivel nacional e internacional.

Esta situación que no ha sido para nada alentadora, no solamente nos ha dejado tristeza o desaliento; también permitió a aquellos que temían, darse la oportunidad de atreverse; a los que pensaron que todo estaba perdido, a reconstruirse, y al deporte nacional, a reinventarse.

Pierre de Coubertin.

El Barón Pierre de Coubertin dijo: “La vida es simple, porque la lucha es simple. El buen luchador retrocede, pero no abandona, se doblega pero no renuncia. Si lo imposible se levanta ante él, lo sortea y va más lejos. Si le falta el aliento, descansa y espera. Si es puesto fuera de combate anima a sus hermanos con palabras y su presencia, y hasta cuando todo parece derrumbarse ante él, la desesperación nunca le afectará”.

En esta reflexión, el Barón Pierre de Coubertin recuerda al Olimpismo Moderno que ninguna dificultad presentada al mundo deportivo fue o será una prueba fácil, y el COVID-19, como pandemia no será la excepción, porque lo reta a que en la actualidad, por medio de la gobernanza y las buenas prácticas tenga una promoción y difusión del deporte como estilo y filosofía de vida, basado siempre en los valores del Olimpismo, como cimiento, y dejando de lado situaciones banales que en las últimas décadas han atacado de forma feroz el verdadero significado del olimpismo y volviendo a revivir la necesidad de la “Kalokagathia”, es decir, de ese amor del hombre por sí mismo y por lo que hace con principios éticos, morales y de valores, más presentes que cualquier otra cosa.

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