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Balance. Cinco nuevas medallas para Colombia

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Por Alberto Galvis Ramírez

Director Revista Olímpica y Secretario de la Academia Olímpica Colombiana

Cinco nuevas medallas, cuatro de plata y una de bronce, y 17 diplomas olímpicos ganó Colombia en los Juegos Olímpicos Tokio 2020, luego de un proceso de gran dificultad para todos los atletas del mundo, por el COVID 19 y todas las limitaciones derivadas de la pandemia.

Las cuatro medallas de plata fueron ganadas por Luis Javier Mosquera, en levantamiento de pesas; Mariana Pajón, en el BMX, y Anthony Zambrano y Lorena Arenas, en el atletismo. La de bronce, por Carlos Alberto Ramírez, en el BMX. Mosquera, Pajón y Ramírez repitieron presea, porque venían de ganar en Río, y Zambrano y Arenas se estrenaron en el atletismo.

Las cinco medallas, tercera cantidad más alta ganada por nuestro país en la historia de sus participaciones en los Juegos, (nueve, en Londres 2012 y ocho, en Río 2016), premian el esfuerzo de un puñado de atletas colombianos fieles reflejos de nuestro actual desarrollo que, apoyados por el Gobierno Nacional, por el Comité Olímpico Colombiano, por las federaciones deportivas nacionales y por empresas privadas planificaron con anticipación su ruta hacia Tokio 2020; casi en la víspera de los Juegos (en la etapa clave de la clasificación y preparación) detuvieron sus vidas para resguardarse del COVID 19, mientras trataban de entrenar en las nuevas condiciones de confinamiento; lograron los cupos, que esta vez se redujeron notablemente, a más del 50 por ciento de los clasificados en Río 2016, por la cancelación de muchos torneos selectivos; salieron de su encierro, mucho después de los atletas europeos y asiáticos, por órdenes de los gobiernos, para completar su preparación, y se entregaron de corazón, en busca de conquistar las medallas.

La felicidad de Mariana Pajón

“Yo no perdí la medalla de oro, gané la de plata”, dijo Mariana Pajón, ante un comentario formulado por un periodista. Su frase tiene un altísimo significado, para entender el papel de los atletas en las competencias. Tiene razón Mariana en decir que no perdió la medalla de oro, simplemente, porque nadie pierde lo que no ha ganado. Cada competencia es diferente y cada medalla se disputa en el fragor de un nuevo combate, totalmente distinto a los anteriores, en el cual no prima ni la tradición del país, ni el talante anterior ganador, ni los pergaminos, ni la camiseta: sólo se imponen las condiciones de la nueva competencia, se libra entre seres humanos que se han preparado para buscar la gloria, y transcurre en medio de nuevos avatares y circunstancias que pueden cambiar la historia, más aún, en una carrera tan aparatosa y riesgosa como el BMX. Si Mariana Pajón pensara con el espíritu triunfalista de algunos analistas de ocasión, no hubiera llorado de alegría, como lloró, por haber conquistado esa medalla de plata, en Tokio, porque sentiría que era una derrota; para ella fue una victoria, que tal vez le impactó mucho más que las medallas ganadas, por las grandes dificultades padecidas hasta hace poco, como nueve meses recuperándose de una lesión.

“Yo creo que la convicción viene en la sangre y así somos todos, así somos los colombianos. Y puedes estar en lo más profundo, puedes escuchar miles de imposibles y miles de ´no´, pero si tú crees que lo puedes hacer. Simplemente rompe esos obstáculos y demuestra que sí se puede y que es posible sucumbir a nuestras propias limitaciones mentales”, comentó Mariana, quien es la primera atleta nacional en conquistar tres medallas olímpicas, en tres Juegos diferentes.

La conquista de Luis Javier Mosquera

Luis Javier Mosquera había sido medalla de bronce, en Río 2016, y en esta oportunidad fue plata, en los 67 kilogramos, lo que significa un avance en un deporte tan duro como el levantamiento de pesas, que enfrenta en las instancias mayores, como los olímpicos, a atletas remendados por las lesiones, que continuamente interrumpen su preparación, para recibir un tratamiento, que por lo general los deja con serios resentimientos físicos y mentales.

Luis Javier fue brillante de principio a fin. En la mitad de sus rutinas superó la marca olímpica, pero se estaba enfrentando al campeón mundial de la división, el chino Lijun Chen, con quien mantuvo un cerrado mano a mano.

Cuando Luis Javier estaba perfilado para ganar la medalla de oro en su categoría, con 331 kilogramos, Lijun Chen, en su último intento, alzó 332, para sacarle el oro del bolsillo.

“Para nadie es un secreto que los chinos en el levantamiento de pesas son unas máquinas también, pero bueno, nosotros los colombianos nos estamos volviendo una potencia del mundo y esperemos que en el nombre de Dios en los próximos Juegos Olímpicos podamos superar esta medalla””, dijo Luis Javier.

Zambrano, el gran acontecimiento

Anthony Zambrano, el gran acontecimiento de Colombia en Tokio 2020, es la mejor prueba de la renovación del deporte base, el atletismo, porque con 23 años demostró que es un gran talento, luego de su surgimiento en el Mundial de Menores de Cali 2015; su épico subtítulo mundial, de 2019, en Doha, y la consagración como el mejor corredor de 400 metros planos, de América, por delante de los velocistas estadounidenses, en los Panamericanos Lima 2019.

Es indudable que el impacto que causó Zambrano en todas sus participaciones fue lo más destacado de Colombia. Cuando llegó a la final, su nombre ya era considerado entre los favoritos a medalla. Sin embargo, final es final, y en los 400 metros planos, cualquier cosa podía pasar.

Finalmente Zambrano sólo hizo lo que sabía hacer. Salir regulado, sin ir despacio; ceder unos centímetros, en los primeros 250 metros, y lanzar un demoledor ataque, que parecía no alcanzarle, para llegar a la meta sin ninguna discusión, ni fotofinish alguno, para  adjudicarse una gigantesca medalla de plata, que superó aquella épica jornada del 5 de septiembre de 1992, de la antioqueña Ximena Restrepo, bronce en la misma competencia.

Además del carisma propio de los dioses del atletismo, Zambrano, de facciones rudas, desnudó un perfil tierno y extremadamente humano, por sus continuas referencias a su mamá, Miladys Zambrano, la razón de ser de su vida. Una anécdota que contó ella, durante la transmisión del Canal Caracol, hizo derramar lágrimas a mucha gente. Miladys contó que antes de viajar a Tokio, tenían en su casa, en Barranquilla, un televisor pequeño, perdido en una inmensa pared. Entonces él llegó con una de más de 40 pulgadas y le dijo: “Aquí te traigo este televisor, para que me veas triunfar en Tokio”.

Esto dijo Zambrano luego de su consagración: “El esfuerzo y el sacrificio no son en vano. Aunque haya tenido muchas adversidades y muchos obstáculos, he llegado aquí firme para batallar de igual a igual, con otros países, con las potencias del atletismo del mundo. Y repito que soy el segundo mejor del mundo, en los 400 metros planos”.

Lorena, la puntada que le faltaba a la marcha

Cuando retumbaban aún los ecos de la hazaña de Anthony Zambrano en los 400 metros, para beneplácito del atletismo colombiano, una de sus más consagradas atletas, Sandra Lorena Arenas obtuvo esa medalla olímpica que tanto ha merecido la marcha colombiana, que emergió con cierta notoriedad en las piernas de los hermanos Héctor y Querubín Moreno, entre los años 80 y 90 del siglo XX y se escapó de las piernas de Luis Fernando López, en Londres 2012, por descalificación, cuando estaba perfilado para llegar al podio, y también del campeón mundial Éider Arévalo, quien luchó durante tres Juegos Olímpicos y finalmente el premio no le llegó.

Lorena Arenas pudo sobrevivir a las altas temperaturas que reinaron durante el recorrido de 20 kilómetros, a los forcejeos propios de los lotes de atletas consideradas favoritas y de los asedios de los jueces, que la alcanzaron a amonestar dos veces, por faltas al reglamento. Finalmente, Lorena logró cruzar segunda para adjudicarse la medalla de plata, que cerró los galardones colombianos en Tokio. Fue esta medalla el premio a la perseverancia, a la constancia, a la disciplina y a  la capacidad de sufrimiento que ha exhibido la pereirana durante tantos años.

“Cada segundo, cada instante, cada milésima de segundo cuenta, cada momento valió la pena. Hubo muchas cosas por las que tuve que pasar para poder lograr esto, pero de verdad que esto hace que uno sea cada día más fuerte, más optimista y pueda trabajar para lograrlo. Con esto demuestro que no hay nada imposible en la vida y que todo sueño con mucho esfuerzo y dedicación se puede lograr”, manifestó Lorena.

Ramírez, de nuevo en el podio

La quinta medalla volvió a repetir las historias de Londres 2012 y Río 2016, aunque se cambió un oro por la plata de Mariana Pajón, pero no el regocijo por la doble presencia en los podios, imágenes que quedan para la eternidad, y en los tres últimos certámenes ha ondeado nuestro tricolor. Ramírez volvió a ser tercero, es decir, se convirtió en doble medallista olímpico, para acompañar en esta privilegiada situación a glorias como Helmut Bellingrodt, Caterine Ibargüen, Oscar Figueroa, Jackeline Rentería y Yuri Alvear.

Carlos Ramírez ratificó su apodo de El pequeño mago, y como por arte de magia evitó una caída en la ronda final, y, también como por arte de magia, saltó de la quinta a la tercera posición, para mantenerse hasta el final de la serie y obtener, de nuevo, la medalla de bronce.

“Había mucha incertidumbre y todo era muy raro. No saben lo que me pasó por el cuerpo cuando se habló de cancelar los Juegos por culpa de la pandemia. Después vino una preparación especial y para soñar en grande. Y aquí, la sacamos del estadio. Dejé el alma y dejé todo en la pista. Esto ya es una realidad gracias a Dios”, aseguró Ramírez.

Además de estas conquistas, que son más notorias por la visibilidad y los reconocimientos que dan los podios, nuestro país conquistó 17 diplomas olímpicos, destinados a los ocho primeros lugares, la más alta cifra en nuestra historia, que cuentan para confirmar el nivel de nuestro país, que es favorable porque se mide tanto por las medallas, como por ubicaciones de privilegio, como ocurre con los ganadores de diplomas. A los once colombianos ganadores de diplomas olímpicos, a partir del cuarto lugar, los reseñamos en la siguiente nota.

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