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Atletas. Sinónimo de esfuerzo y búsqueda de la excelencia

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Mg. Clemencia Anaya Maya
Vicepresidenta Academia Olímpica Colombiana
Especial para la Revista Olímpica Digital

Nada podría ser más emocionante  y motivante en los Juegos Olímpicos antiguos, que ver a los atletas disponerse para la competencia. En ellos estaba cifrada la esperanza de cada uno de los pueblos que representaban, que ansiaban verles llenarse de gloria, para el honor de todos sus habitantes. 

Recuerdo en Atenas 2004, cuando fui a ver la prueba de lanzamiento de bala (la única que se llevó a cabo allí, en el Santuario de Olimpia), que todos los que asistimos nos sentamos alrededor de la pista como lo hacían en la antigüedad… más de cuarenta y cinco mil personas observamos con emoción la llegada de los atletas, atravesando el túnel de entrada al Estadio, como lo hacían casi tres mil años atrás.

El “rugir” del Estadio en pleno, ante la aparición de los competidores me conectó de inmediato con la historia y los relatos de Pausanias y Homero. En la antigua Grecia se le denominada athletés a los luchadores, una palabra formada a partir del verbo athlein, que significaba luchar, combatir y esforzarse hasta ganar un premio. En algunos casos, el vencedor recibía una corona de laurel, como en los Juegos Píticos; una  corona de pino, como en los Juegos Ístmicos; una corona de apio, al igual que en los Juegos  Nemeos, o una corona de olivo, similar a la de los Juegos Panhelénicos, que se llevaban a cabo en Olimpia y que hoy denominamos Olímpicos.

Según Homero, los atletas sabían que la belleza y la fortaleza de sus cuerpos era esencial para su felicidad. Su amor por un cuerpo hermoso y fuerte era tal, que consideraban la vejez como un mal peor que la muerte misma. Preferían la muerte a la vejez, con todos los problemas que conllevaba, porque creían que la belleza y la fuerza de su cuerpo se habían perdido para siempre. Dedicaban su tiempo a cultivar cuerpo, mente y espíritu, y deseaban conseguir la gloria en honor al dios Zeus y enorgullecer a su pueblo.

Los Atletas Griegos que salían victoriosos de la lucha eran considerados imitadores de Hércules. Según Pausanias, los atletas ejercían  su profesión antes de los 35 años, por considerarse este el límite de mayor vigor físico. Si al llegar a esta edad  no conseguían ninguna corona renunciaban al oficio. Los prototipos de los atletas eran Hércules, en Grecia, y Mercurio, en Roma.

Con el tiempo y el constante uso de la palabra athletés, esta pasó al latín, con la expresión athleta, que fue tomada entre los siglos XIV y XV para formar la palabra española y portuguesa atleta, así como la francesa athlète y la inglesa athlete. Con el ánimo de profundizar en el lenguaje de la época y entender su trascendencia es preciso anotar que ellos le daban el nombre de athlos, a lo que hoy denominamos competencia y para referirse a los premios que se otorgaban en los combates se utilizaba la palabra athlon.

Adam Nelson, de Estados Unidos, ganador del oro del lanzamiento de bala, en el campo de Olimpia, en Grecia, en 2004. Foto: Team USA.

Vale la pena recordar que para los griegos, los dioses eran competidores deportivos y de esta manera inspiraban a su pueblo a imitarlos y superarlos, como es el caso de Hércules y Teseo. Como resultado, los dos grandes héroes de la mitología griega luchaban constantemente contra las bestias salvajes y los monstruos, para permitir que prevalecieran la ley y la razón, mientras liberaban a la sociedad humana de las fuerzas herméticas y peligrosas de la naturaleza.

De esta manera, entre las labores de Hércules y las hazañas de Aquiles se construyó la palabra athlos, que fue un gran logro destinado a promover la civilización y liberar al hombre de las fuerzas de la oscuridad. Posteriormente, el significado de este término se hizo más amplio y athlos también significó el resultado exitoso de una meta difícil, fortaleza y paciencia en tiempos de dificultad y vicisitud, un acto digno de elogio, una victoria deportiva, una distinción del logro intelectual o la conquista de la corona en una victoria de los Juegos.

Es muy interesante ver cómo el origen “atlético” de la palabra se va involucrando en la educación y transformación de la sociedad, y empieza a cubrir diversas formas de la actividad humana, que contribuyeron al avance  de la civilización, en especial en cuanto se refiere a la educación de los jóvenes, con base en la educación física y el deporte. Debo resaltar, que en esa época los helenos eran enfáticos en declarar  que todo aquel que rechazaba el entrenamiento físico era considerado como una persona sin educación.

La palabra athlos también representaba buenos modales, nobleza de espíritu, honestidad y juego limpio. En otras palabras, todo los que concierne a la formación y entrenamiento de un atleta era de tal magnitud, que iba enlazado con el objetivo de crear en los jóvenes el espíritu de superación y de lucha, bajo una espiritualidad religiosa que marcaba una conducta y una actitud de excelencia y respeto, que iba más allá de la competencia sobre la arena y trascendía en el comportamiento de su civilización.

Ahora bien. Desde la antigüedad, los atletas han sido reconocidos como iconos para el fortalecimiento de la conducta humana. La responsabilidad que sobre ellos y ellas reposa, no sólo tiene que ver con el resultado en términos de medallas y récords. Su imagen y su ejemplo dejan una huella vital en los jóvenes y en la sociedad en general. Los atletas olímpicos son el epicentro del Movimiento Olímpico, la admiración del planeta, la ilusión de niños, niñas y jóvenes.

De esta manera, el Comité Olímpico Internacional denomina a los competidores de la misma manera que en la antigüedad: atletas. Para el máximo organismo del deporte en el mundo, su esfuerzo y valor simbolizan el espíritu olímpico. Cada uno de ellos transmite los valores olímpicos de respeto, amistad, excelencia, juego limpio y buen ejemplo.

Honor y larga vida para los atletas y que los dioses del Olimpo nos permitan volver a verles sobre la arena en Tokio 2021!

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