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Análisis. La necesidad de ser agradecidos

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Estas son algunas reflexiones dirigidas a los atletas, en relación con la obligación de agradecer  siempre a quienes los han apoyado, para conquistar la gloria deportiva y con ella, el éxito personal.

Efraín Forero Triviño.

Por Williams Viera

Periodista, desde Estados Unidos.

La gratitud en el género humano es algo que a través de la historia no se percibe en la mayoría de los deportistas, especialmente entre los colombianos, a excepción de los ciclistas de ruta que sorprenden después de finalizar una extenuante etapa en la que sufrieron y sintieron que agonizaban debido a los intensos dolores provocados por una caída, por las afecciones en la espalda o en las rodillas que no paran de crujir por culpa de las tendinitis registradas durante la competencia.

Durante años, debido a la radio, se escuchan las palabras de los pedalistas, sin editar, como se acostumbra en la televisión o en las redes sociales que se convirtieron en verdaderas cloacas modernas.

En los archivos sonoros de Caracol y de RCN se encuentran verdaderas reliquias con las voces de Efraín El Zipa Forero Triviño, de Carlos La Bruja Montoya, de Ramón Hoyos Vallejo, de Martín Cochise Rodríguez, de Javier Amado El Ñato Suárez, de José Patrocinio Jiménez, de Alfonso Flórez, de Rafael Antonio Niño, de Miguel Samacá, de Álvaro Pachón, de Luis Alberto Herrera y de Fabio Parra, sólo por mencionar algunas. Si se escucha con cuidado cada grabación, el discurso parece ser el mismo con tonalidades diferentes.

“Un saludo pa’ mi ‘apá’ y pa’ mi amá’”; gracias a la tienda de don José, en Zipaquirá, por apoyarme”; “gracias a la fábrica de gaseosas en la que trabajo”, dijo El Indomable Zipa en la emisora Nueva Granada, por la que transmitía Carlos Arturo Rueda los detalles de la primera Vuelta a Colombia.

Por aquellos días de 1951 se contaba que un año antes, El Zipa, de 20 años de edad, en solitario, había realizado una travesía desde Bogotá hasta Manizales en bicicleta y que la hizo al cruzar el Páramo de Letras en su ‘cicla’, que tenía ruedas con neumáticos balón 26 x 2.125 que saltaban y se estrellaban en el agreste terreno.

La leyenda urbana dice que aquella ascensión descomunal de 83 kilómetros que empieza en las orillas del Magdalena, a 500 metros sobre el nivel del mar, hasta las cumbres cercanas al Nevado del Ruiz, a 3.760 metros de altitud, fue realizada por El Indomable Zipa entre senderos de tierra, rocas y lodo. Después descendió otros 30 kilómetros, hacia Manizales, ciudad a la que llegó por la noche, en donde fue recibido como héroe.

“Un ciclista de otro mundo. Efraín El Zipa Forero se detuvo en un puesto a la vera del camino y se tomó dos tazas de aguapanela con queso, para recuperar fuerzas, y luego se bañó en una quebrada con lo que se quitó el polvo de la carretera, antes de llegar a Manizales. Él le agradeció a la señora que le regaló aquel alimento”, en un aparte de la nota que publicó el diario La Patria, por aquel acontecimiento.

Jaime Aparicio Rodewalt.

Otro momento

Sin que nadie lo supiera se había iniciado la mercadotecnia en Colombia a través del agradecimiento. Meses después, Jaime Aparicio Rodewaldt, primer atleta colombiano en colgarse una medalla de oro en los I Juegos Panamericanos que se realizaron en Buenos Aires, Argentina, el miércoles 28 de febrero de 1951, logró la marca de 53.4 segundos, en los 400 metros vallas, en el estadio Antonio Vespucio Liberti y cuando levantó los brazos en la meta, dijo: “A veces volteo al cielo, sonrío y digo, ‘Yo sé que fuiste Tú’. ¡Gracias Dios!”.

Y después de aquellas palabras, nadie agradeció el esfuerzo de las entidades que daban su apoyo, tanto en lo individual como en lo colectivo, en el momento de participar en un certamen nacional o internacional.

Un asunto de cultura

Si se revisan viejas grabaciones de eventos transmitidos o las más recientes se encuentra que el deportista colombiano, en el instante de gloria, olvida a los patrocinadores o a las personas que los hacen crecer, hasta convertirlos en referentes de la disciplina que practican en una clara demostración de “ingratitud, que es la hija de la soberbia”, como diría Miguel de Cervantes Saavedra, autor de El Quijote.

Y los ejemplos sobran cuando se registran las derrotas. Las crónicas en los diarios dan a conocer las impertinencias de los deportistas al igual que en la radio o en los noticieros de la televisión mientras que en las redes sociales se les ve y se les escucha creyéndose muy por encima de los demás, es decir, soberbios e incapaces de ser agradecidos, aun con Dios, de quien se dice que existe; pero Él no tiene ninguna prisa en hacerlo saber.

José Carpintero, sociólogo español radicado en Cali, sobre la ingratitud del deportista, dice, “Es un asunto de cultura o de ADN. El género humano es así.  Es uno de los sentimientos más desagradables que puede reflejar cualquier persona. Esto es muy común en el deportista, pero también se ve en otras esferas de la humanidad”.

Lucas Paquetá. Foto Caracol TV.

Sin embargo…

Como van las cosas, nada es más difícil que la gratitud. En el panorama nacional lo contrario es el pan diario o es la cultura o el ADN que tenemos los colombianos.

Sin embargo hay que establecer algunas diferencias notables. Lucas Paquetá, volante de la Selección Brasil y del Olympique de Lyon, sorprendió al mundo con algo que nadie esperaba.

“Reinaldo Rueda, técnico de Colombia, fue una persona que cambió mi vida. Él me puso a jugar, apostó por mí y le agradezco mucho esa oportunidad en el Flamengo de Río de Janeiro, en el 2017, en una época difícil para los jóvenes formados en el club”, dijo Paquetá.

No basta con ser agradecido, sino que es indispensable. Los deportistas, sean de élite o los que apenas empiezan, en Estados Unidos expresan su agradecimiento a quienes los preparan, a las compañías que los patrocinan y, obviamente, a las entidades oficiales que les proporcionan lo necesario para llegar a la cima. 

Esa manera de ser la asimilan desde la época en que están en la escuela debido al mensaje de los docentes, quienes recalcan que para pedir algo deben anteponer “please”. Es decir: “por favor”. Y también, agradecer. Y lo hacen, con “thank you” que se convierte en un coro uniforme: “Gracias”.

Muhammad Alí. Foto: Antena 2.

Uno de esos ejemplos fue el boxeador Muhammad Alí, quien nunca olvidó que Joe Martín desempeñó un papel, aunque mínimo, en su ascenso a la fama. Martín le enseñó a boxear, lo pulió y lo convenció a subirse al avión que llevaría a la delegación estadounidense a los Juegos Olímpicos de Roma de 1960. “Si bien Angelo Dundee fue quien me preparó para los grandes combates que tuve como boxeador profesional. Martín ocupa un lugar en mi corazón. Me convenció de subirme a un avión luego de conversar durante dos horas en el Central Park en Louisville”, dijo Alí, el hijo más famoso de Kentucky.

Pero hay más del hombre que se opuso a su reclutamiento por parte de las fuerzas armadas de su país durante la guerra de Vietnam y la anécdota la contó la velocista Wilma Rudolph, quien fue la reina de los Juegos de Roma, por los oros conquistados en 100, 200 y 4×100 metros, en la pista del Estadio Olímpico.

Ella y Cassius Clay, así se llamaba él antes de cambiarse el nombre, estuvieron a punto de tener un romance y por ello, Wilma contó una anécdota. “Nunca perdió la oportunidad de gritar que era campeón olímpico. Estaba orgulloso de sí mismo, pero igualmente de su país. Se pavoneaba por el pueblo con su medalla de oro puesta. Nunca se la quitaba. Dormía con ella y nos decía que todo se lo agradecía a Joe Martín, por convencerlo de subirse a un avión para ir a Roma”.

María Isabel Urrutia.

Un asunto de ADN

El hecho que un deportista o una persona como usted o quien escribe estas líneas, sea agradecido, habla bien del corazón y hace que su corazón hable.

O si no que lo diga Cristiano Ronaldo. Él no olvida y siempre agradece a Edna, una joven que trabajaba en un restaurante de comida rápida en Lisboa, Portugal.

“Ahora que soy famoso en el fútbol quiero encontrar a Edna y a sus compañeras que nos daban de comer, gratis, a mí y a mis compañeros del Sporting. Le quiero agradecer porque me alimentó cuando tenía hambre. Eso, una persona nunca debe olvidarlo”, dijo Ronaldo, en un reportaje para la televisión estadounidense.

Otro detalle. Lionel Messi, Gabriela Sabatini, Emanuel Ginóbili y Paula Pareto, entre otros atletas, entrenadores y ex deportistas argentinos, en un video enviaron un mensaje de esperanza y agradecimiento para todos aquellos que luchan contra la pandemia. Los profesionales de la medicina consideraron aquella actitud como “un lindo gesto”.

Un mensaje

Sin duda que el mensaje de Jáder Maza, jugador monteriano y al servicio del Envigado FC, sorprendió al deporte colombiano en el momento en que dijo, “recuerdo mucho al profesor Pablo López, de Montería. Él me fundamentó en mi proceso de formación como jugador y como persona integral”.

Aquellas palabras demostraron que se pueden contar con los dedos de las manos los deportistas que agradecen a la gente que los ayuda a conseguir sus objetivos y que los acompañan en el camino, en lo bueno y en lo malo.

Y para no ir muy lejos, la atleta Norfalia Carabalí y la pesista María Isabel Urrutia dedicaban sus éxitos, cada vez que eran entrevistadas por sus logros, en primer lugar, al Comité Olímpico Colombiano, por su apoyo incondicional y luego analizaban cómo había sido cada prueba en la que competían.

En el ambiente, sin embargo, aún se escucha a Martín Emilio Cochise Rodríguez cuando decía: “Compre pilas Varta y apoye el ciclismo colombiano”; lo curioso del caso es que esa empresa patrocinó al equipo profesional de fútbol de Manizales y ninguno de sus jugadores o directivos, cada vez que eran entrevistados en la radio, hacían alusión al sponsor, para que sus ejecutivos se sintieran satisfechos por haberlos apoyado. 

Para cerrar un frase pronunciada por John F. Kennedy, el trigésimo quinto presidente de Estados Unidos: “Siempre hay que encontrar el tiempo, para agradecer a las personas que hacen una diferencia en nuestras vidas”.

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