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Análisis. Entre filosofía y realidad

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Foto: Comité Olímpico Internacional.

Clemencia Anaya Maya, Vicepresidenta AOC

Con todo esto del COVID 19 parece una fantasía hablar de Juegos Olímpicos. Todas las delegaciones, por estos días hacen inmensos esfuerzos por seguir adelante con el sueño de llegar a Tokio guardando la fe y la esperanza. Sin embargo el virus sigue ah, í como una sombra que va de un lado para otro conservando la característica de los últimos meses estresante y amenazante.

Hace más o menos un mes, el porcentaje de la población que quiere que se cancelen los Juegos estaba en 72 por ciento. Ahora está en el 60 por ciento, y esto obedece a que Japón ha extendido el estado de emergencia en Tokio hasta finales de mayo y está luchando por contener un aumento en los casos de COVID-19, lo que genera más dudas sobre si los Juegos llegan a la arena olímpica o no.

Lo cierto es que la palabra “aplazamiento” ninguna de las partes la quiere pronunciar o escuchar. A eso se suma el hecho que el público prácticamente excluido de los Juegos. Se ha dicho que a finales de junio se tomará la decisión acerca de permitir o no el acceso a los escenarios del público nacional, pues los extranjeros han sido excluidos.

Cada vez que veo los videos del recorrido de la antorcha olímpica, siento desasosiego y angustia… Lo que antes era un sonido jubiloso entre vivas, alegría y aplausos en medio de sonrisas ha cambiado un gesto sórdido e inexpresivo, en el que retumban los pasos del relevista y se escucha el silencio del público ausente y lejano.

Actualmente se llevan a cabo eventos clasificatorios en Tokio a puerta cerrada… Las medidas buscan, por supuesto, frenar el contagio, pero le restan el espíritu alegre y festivo que aportan a estos momentos, los acompañantes, los espectadores, los fanáticos, mejor dicho, el condimento que le da gusto y sabor a las competencias…

Para esta semana estaba previsto que el presidente del COI, Thomas Bach, viajara a Japón para entre otras cosas, hacer parte del recorrido de la Antorcha Olímpica, pero su viaje ha sido aplazado lo más probable hasta junio, debido a la estratégica situación del virus , que ha puesto prácticamente en jaque, al organismo deportivo líder del Movimiento Olímpico en el mundo.

El primer ministro japonés ha recibido una petición de cancelación de los Juegos, firmada por 320.000 personas, según conocimos a través de la agencia de noticias Kyodo. El presidente de la Comisión de Coordinación de Tokio 2020, el australiano John Coates, miembro del COI, respetuoso del sentimiento japonés ha dicho que siguen haciendo todos los esfuerzos para estar listos el 23 de julio, día de la inauguración.

En medio de tantas noticias de un lado y de otro, mi preocupación está centrada en las palabras del primer ministro de Japón, Yoshihide Suga, quien la semana pasada dijo que el COI tendría la última palabra, e insistió en que su gobierno no había priorizado los Juegos sobre la salud pública. Durante una reunión se le preguntó si los Juegos seguirían adelante, en caso de aumentar el contagio en la población, y su respuesta fue, “nunca he puesto los Juegos Olímpicos en primer lugar. Mi prioridad ha sido proteger la vida y la salud de la población japonesa. Primero debemos prevenir la propagación del virus «.

Mientras todo esto sucede en Japón, la Organización Mundial de la Salud, a través de director ejecutivo de su Programa de Emergencias Sanitarias, Michael J. Ryan, reconoció una vez más el gran esfuerzo que el mundo entero está haciendo, pero enfatizó acerca de la forma como “este virus se transmite en lugares en donde las personas se mezclan en alta densidad, durante períodos prolongados de tiempo”.

“El objetivo de la protección de los atletas es evitar ese tipo de contacto y proximidad, crear un ambiente de seguridad para todos, sea cual fuere la proporción”. Ante la marcada preocupación de los medios internacionales agregó: «algunas de esas decisiones no se pueden tomar hasta más cerca del evento, porque depende de la situación epidemiológica en ese momento, por lo que no es una falla en absoluto por parte de los organizadores» .

Foto: Comité Olímpico Internacional.

Por otra, parte el tiempo apremia y las delegaciones no se pueden detener a pensar en todo esto. Los Jefes de Misión de los 206 países que se espera hagan presencia en Tokio corren a esta hora para tener todo a tiempo.

Veamos el caso de Brasil la delegación suramericana más grande. El Jefe de Misión es el Vicepresidente del Comité Olímpico, Marco La Porta. Los primeros atletas brasileños llegarán a Tokio dos semanas antes de la inauguración, en busca de que tengan las mejores condiciones de entrenamiento en ese país. Él sabe muy bien que necesita tener todo listo con mucha antelación y que la logística es clave en la Misión. Ha realizado varios viajes a Japón, para identificar las necesidades. Están desplazando a cerca de  20 contenedores con todos los tipos de equipos posibles, pues con la pandemia han tenido que comprar miles de tapabocas, zapatos desechables y alcohol, en todas sus presentaciones. Entre los equipos deportivos que desplazan llevan botes (vela), tatamis para deportes de combate, sacos de boxeo, equipos de musculación y material de entrenamiento de levantamiento de pesas.

Si fuera en condiciones normales, los Juegos Olímpicos de Tokio ya exigirían un gran desafío, en cuanto a zona horaria, clima y alimentación. Pero la pandemia ha hecho que la complejidad de la operación sea aún mayor. Además de toda la estructura ofrecida por los organizadores deben proteger sus atletas reduciendo el riesgo de contaminación por el coronavirus, a toda costa.

Todo se mueve simultáneamente, todo indica que el balón está en manos del COI y que este organismo tendrá que tomar la decisión final y asumir la responsabilidad bien sea porque se lleven a cabo con todas las restricciones y medidas de seguridad que se han establecido a través de los Play Books o Manuales de procedimiento para la pandemia generada por el COVID 19 o que se cancelen definitivamente los Juegos. 

El siglo XXI, a diferencia del anterior, en el que por esta época se luchaba por incluir otros deportes, permitir la entrada de las mujeres al programa olímpico y superar la pandemia generada por la gripa española de 1918 ha sido critico, acerca de la forma como evolucionó la organización de los Juegos, hacia lo que algunos denominan “gigantismo”, el incremento de los casos de dopaje y otras formas de corrupción, que han puesto en duda la credibilidad en el Movimiento Olímpico. De ahí que haya sido necesario establecer la Agenda 2020 en el 2014 y ahora, recientemente, hayamos conocido la nueva ruta estratégica del COI, con la Agenda 2020 + 5.

Esta impredecible situación está midiendo la capacidad de visión del COI, su profundo conocimiento de la filosofía de su creador, el Barón Pierre de Coubertin, que soñó el olimpismo como una filosofía de vida que pone el deporte al servicio de la humanidad.

La historia hablará de Tokio 2020 como los Juegos que demostraron la capacidad de resilencia de los atletas y señalará las decisiones del COI que pusieron en tensión a todo el Movimiento Olímpico, al mostrar la antorcha olímpica, como la luz que ilumina el camino de la esperanza para la humanidad.

La pregunta a resolver es: ¿acaso lo que estamos viendo hoy es la humanidad al servicio del deporte? El momento es crítico, sin duda. Esperamos poderlo superar pronto, en beneficio de la sociedad contemporánea y de la alegría de las futuras generaciones que verán en estas decisiones, grandes enseñanzas en términos de respeto, excelencia, amistad, juego limpio y buen ejemplo.

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