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Análisis. En el juego de los tiempos, ¿un futuro incierto?

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Fabio Alfredo Navarro Pasquali

Filósofo de la Universidad Nacional, abogado de la Universidad Libre de Colombia, especialista en Filosofía del Derecho y Teoría Jurídica de la Universidad Libre y magíster en Historia de la Pontificia Universidad Javeriana.

Introducción.

En el juego de los tiempos, el pasado y el futuro confluyen en el presente dejando su traza en la configuración del instante que por lo fugaz de su existencia no permite captar sus distintas profundidades, por ello quizá la indiferencia frente a los diarios acontecimientos, que no solo marcan el ahora, sino que debido a sus pasadas largas configuraciones van signando el futuro.

Entender el ejercicio del tiempo es apreciar el presente en toda su extensión, lo cual significa asumir que pasado y futuro no son ajenos al instante en el cual reflexionamos y adecuamos la vida a la dinámica del quehacer diario. Así, la existencia y su diario acontecer se encuentran con el significado profundo de la responsabilidad individual que adquiere sentido en la vida comunitaria, es decir, la vida del individuo adquiere sentido propio en tanto significante y significado del pueblo que lo ha constituido históricamente.

En el deporte, para tomar un ejemplo cercano, la participación o la medalla que certifica el triunfo del deportista, tiene, además del significado individual un valor significante y significativo para la comunidad, que acompaña desde lo profundo de su ser histórico, el logro obtenido.

Foto: Alcaldía de Santa Marta.

La medalla es el aquí y el ahora, el instante en el cual confluyen las distintas circunstancias que la hicieron posible, pero ese momento sublime es un tejido del pasado como lectura histórica del quehacer deportivo y el futuro como premisa que se yergue sin ser vista, pero contundente como hecho cierto, referencia para generaciones, en esa entonces su historia. No se surge como individuo por la autodefinición, sino que en ese contexto de significante–significado se es fundamentalmente un ser social construido, si se quiere, en las dinámicas que lo circundan desde el pasado, como el ser de los mayores que le asisten en sus procesos y el futuro que avizora como referencia colectiva. El fugaz presente es la autonomía del actuar, en términos de responsabilidad.

Saltar a la pista deportiva, siguiendo la figura literaria previa, es tanto como asumir la responsabilidad de esa historia que ata con los ancestros, y a través del actuar presente establece los hilos que se constituirán en   historia de generaciones venideras.

Esas condiciones así establecidas para el ejercicio deportivo son las consideraciones generales que pueden ser entendidas como requisito de ciudadanía universal, en otras palabras, la vida en común demanda una forma de ser que actúe en función de los tiempos co–existentes, o de ejercicio responsable, entendido no como obligación o imposición, sino como convicción.

Foto: opinióncaribe.com

En la visión del mundo de las comunidades ancestrales de la Sierra Nevada de Santa Marta, al obtener el hombre o la mujer edad suficiente de autodeterminación “adquieren plena responsabilidad con ellos mismos, con su comunidad y con la naturaleza” (Corte Constitucional. SU 510/98).En aras de una interpretación amplia puede entenderse que el sentido de la responsabilidad es un compromiso personal, derivado de la comprensión que el individuo o ciudadano tiene de su lugar en el mundo y la protección que a éste le debe como legado de sus ancestros y derecho de sus hijos.

Es una responsabilidad que adquiere sentido de principio, en el filósofo Hans Jonas, al afirmar la necesidad de hacerse cargo del futuro, dándole alcance al imperativo categórico planteado por el también filósofo alemán Enmanuel Kant, quien afirmaba en su obra Fundamentos de la metafísica de las costumbres: “Obra sólo según aquella máxima por la cual puedas querer que al mismo tiempo se convierta en ley universal”. Jonas, por su parte, señala en su libro El principio de responsabilidad como imperativo categórico: “Obra de tal manera que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de una vida auténticamente humana   sobre la tierra.”

Estos planteamientos marcan hitos fundamentales en el quehacer filosófico, y trascienden tiempos para abrir espacios de reflexión, que permitan entender la razón como ley universal y el compromiso de esa razón con el ejercicio de la vida actual y futura, imperativos categóricos fundados en el respeto por la vida, aquí, ahora y por siempre.

Es claro que tanto Kant como Jonas plantean su pensamiento desde la propia percepción del presente que habitaban y el futuro que vislumbraban, pero su preocupación, pese a las distancias que tenían en planteamientos filosóficos, se centraban en la necesidad de pensar el habitar humano en términos ético universales, responsables con un futuro que se entreveía difícil.

Paradójico resulta, en medio de ese panorama del pensamiento filosófico universal, encontrar la Ley de Origen o Ley de la Madre, que rige la vida de pueblos ancestrales de la Sierra Nevada de Santa Marta, que a través de la voz de sus Mamos o guías espirituales, señala que una vez llegada la edad de la autodeterminación para hombres y mujeres estos deberán asumir responsabilidad para con ellos, su comunidad y la naturaleza.

Estos principios se decantan en la sentencia SU-510 de 1998, de la Corte Constitucional de Colombia, en la cual se destaca ese deber ser de responsabilidad para los pueblos, en función de generaciones que poblaran la tierra después de ellos.

Así mismo, la Corte Suprema de Justicia de Colombia, en sentencia 4360 de abril 4, de 2018, al resolver impugnación de acción de tutela incoada por niños, niñas, adolescentes y jóvenes adultos que reclaman por la protección al medio ambiente, falla a su favor recabando en la necesidad del cambio de posturas y actitudes frente al medio natural y, en consecuencia, responsabilidad con el ejercicio de vida de generaciones que poblaran nuestro territorio y en general el planeta.

La ley de origen o Ley de la Madre rdy´s presente de distintas formas en el pensamiento universal, pero con vigencia histórica suficiente para constituirse en conciencia individual que soporta el bien colectivo como conjunción de los tiempos. Es el presente, como manifestación del pasado y como pasado del futuro que se ha de construir responsablemente para garantizar la vida de nuestros herederos.

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